COLCHA DE RETAZOS

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El presente texto es una crónica, un recorrido que la mirada de Guido Toro, uno de los 70 líderes becados por el proyecto Escuela Entre Vecinos & Vecinas de la Arquidiócesis de Cali, hace del encuentro de diplomado en Liderazgo para la incidencia política que cada sábado la Escuela propicia para desarrollar y potenciar  las capacidades de líderes y lideresas de Cali.

 

Un cuadro, el azul; un color, el rojo; una colcha, muchos colores, azul, rojo, blanco, amarillo; colores tejidos, y cuadros unidos, todos fundidos en una colcha, la colcha de retazos que ondea horizontalmente a más de un metro de altura del suelo, porque una mano, muchas manos, mi mano, todos ondeamos la colcha, que ignoramos recorriera desde el oriente de Cali, hasta Siloé, el Boulevard del Río, Jamundí, y finalmente aterrizara sobre los cerros de las Tres Cruces, esa era la colcha.


Muy temprano, 7:45 de la mañana, desciendo un escalón, y otro más, mesas a los lados y cafetera frente a la pared, buena oportunidad para tomar un tinto. Usé un vaso de plástico, me estoy quemando los dedos. Sentada a la mesa, una mujer de piel canela, ojos negros, cejas bien definidas, después me diría que se llama Karen Palacios, y también está aquí, en el edificio Templum, de la universidad Católica, ubicado en Pance.

Pedí permiso para sentarme en su mesa. —Sí claro. ¿Tú vienes para el diplomado? —Sí, también. —Pero yo no te vi el día de la selección. —Estaba con otro grupo. No veo a ninguno de mis compañeros. Alguien impulsa las agujas del reloj ¿Quién? El tiempo no se puede detener, y los procesos tampoco. —Yo creo que es hora de subir al aula.

Uno a uno se van sumando a la totalidad, aunque no es toda la totalidad, pero de serlo sumamos la mayoría. Quizá falta que Karen, profesora de matemáticas, la misma con quién tomé un café, imparta unas clases para entender que somos más, que somos la mayoría.

Por el momento, la audiencia representa a las comunas y a varios corregimientos de la capital de la Salsa. Ahora veo rostros, y más rostros, cada rostro con una historia de vida, con experiencias de comunidades que esperan, que preguntan, que necesitan, que soportan, y que siguen esperando. —¿A quién conozco?

Más adelante, durante el refrigerio, un joven moreno, delgado, alto, con una risa amplia y contagiosa, y un porte aderezado por el ritmo afro, contará que se llama Duván Aragón, —Yo formo parte de la Fundación Francisco Esperanza, que está en dos barrios, Marroquín y Quintas del Sol, donde vivo yo. Trabajamos para -cambiarle el punto de vista- a niños y adolescentes, para que tengan nuevas experiencias, para que tengan la mente ocupada y puedan relacionarse con otras personas.

Antes de que este joven líder se uniera al diplomado en “Liderazgo para la Incidencia Política”, impulsado por la Arquidiócesis de Cali, pensamientos con formas irregulares ocupaban un espacio muy grande en su mente, —¿Por qué jóvenes se están perdiendo en las drogas? ¿Cómo voy a solucionarlo? Ver una solución para mis jóvenes, ayudar a mis niños, jóvenes y adolescentes, -a que vean un futuro- por delante, a pesar de que vivimos en un barrio muy difícil, pero las oportunidades están aquí, y donde sea.

En la mesa contigua, mientras transcurriría la conversación con Duván, se encuentra Danna Hernández, una señorita muy joven, de estatura media, con el cabello recogido, y un estilo muy sencillo, segura en su pensamiento, representa a uno de los corregimientos de la ciudad. —Es que Pance es el corregimiento más grande que tiene Cali. Somos una comunidad con grandes potenciales pero que no los estamos aprovechando, -que los jóvenes son una fuerza necesaria- para continuar con el legado de construcción de nuestro territorio.

Procedente del corregimiento de la Leonera, Yanis Ordoñez ha desembarcado en la misma Escuela de Ciudadanías, cargada con una maleta llena de expectativas, —para construir espacios educativos con la gente, para que cada vez tengamos unos niveles de conciencia... presentamos un proyecto de Ley por el derecho a la autogestión comunitaria del agua, porque hay una arremetida privatizadora por parte del Estado colombiano sobre el agua y los servicios públicos.

El aula es muy grande, tiene una terraza hacia el campus desde donde se aprecia un día bastante despejado, con un sol radiante, y un cielo azul, que coincide con el color de unos pequeños morrales que tienen la inscripción, “Entre vecinos y vecinas”, asentados sobre una colcha de colores que está en un campo verde, rodeado por un árbol y varias plantas. En el interior de los morrales que nos entregarán en un corto tiempo, hay un pasaporte (libreta con hojas en blanco), dos cartillas sobre -diagnóstico social e incidencia política-, tela sintética, aguja e hilo.

Formamos un círculo en ese mismo espacio, todos nos miramos unos a otros, expectantes, mientras un parlante reproduce, —¿Qué qué, qué a cómo? A mil, lleve la mazamorra bien rica, bien fría, a mil—, entre otras ventas ambulantes que recibían su minuto de fama en el campus. En poco tiempo los líderes de la Escuela de Ciudadanías empezaron las actividades lúdicas, algunas nos llevaron a terminar tomados por la mano derecha con la persona de adelante, mientras que con la izquierda sujetábamos a la persona de atrás, pero haciendo el ejercicio entre las piernas. —Yo también pienso que era un nudo porque lo viví. Grupos, rimas, y cantos emergieron con gran creatividad. Duván y su grupo, unidos en coro entonaron:



/ No somos uno ni diez, sino 50 de cilantro es,

No somos uno ni diez, sino 50 de cilantro es,

No somos uno ni diez, sino 50 de cilantro es, Cali /



Minutos más adelante, Michel Andrea Díaz, estará de pie en medio del círculo humano conformado por los representantes de las comunas de Cali, para develar finalmente el secreto de la gran colcha de colores, que sujetamos todos con nuestras manos en este momento, la misma colcha que había aterrizado en el Cerro de las Tres Cruces, meses atrás. —La colcha de retazos es un símbolo, emblema de la Escuela de Ciudadanías que nace en el Pacto Vecinal 2016-2017, en el oriente de Cali, ahí se empieza a gestar la tejida de la Colcha de Retazos, a través de la campaña “Tejiendo con Vos”.

—La colcha también abriga esas heridas y esas vivencias que tienen otros... trabajan con amor, y sacan adelante propuestas para sus comunidades, eso traduce la colcha... y más allá, genera un mensaje de esperanza para la ciudadanía. El momento más difícil del día ha llegado, cada grupo debe encontrar dónde está escondido un recorte de tela correspondiente a su comuna, llevarlo a un pequeño quiosco que tiene un techo circular con tejas de barro, y empezar a tejer, ahí, los pedazos con aguja e hilo para reconstruir la ciudad, en compañía de todos los vecinos y vecinas de los diferentes sectores y corregimientos.

Ocho días después de la actividad, un diagnóstico elaborado por los integrantes de este diplomado dará cuenta de problemas que experimentan las diferentes comunas en cuanto a inseguridad, microtráfico, sicariato, prostitución, fronteras invisibles, desempleo, servicios públicos, entre otra gran lista. En tanto llega el próximo sábado, hoy regresamos a nuestros hogares armados con aguja e hilo, para empezar a tejer la colcha, para devolverle el color a cada comuna, para empezar a remendar los pedazos de nuestra ciudad, quizá a doble puntada, o quizá con puntadas repetidas, y continuas, hasta el final.

 

Guido Toro

Lider del proceso escuela entre vecinos y vecinas

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