CORONAVIRUS: FUERTE CAMPANAZO PARA REPENSAR EL MUNDO

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Con la avalancha de información, medidas, enfermos y contagios que rápidamente vemos venir atravesando las fronteras y las distancias que por momentos consideramos inquebrantables, desde una ciudad como Santiago de Cali, recién cavilamos y nos sentamos a pensar angustiosamente sobre lo que ya llegó a nuestra casa.

En los diálogos entre vecinos y vecinas, hemos dedicado tiempo a relacionar las realidades de las que nos enteramos por los corresponsales del mundo y las que conocemos en carne propia por el deficiente servicio de salud y las profundas desigualdades económicas, aunque de lo anterior tan solo tengamos un pequeño retazo de la complejidad que comprende esta situación. En otras palabras, tenemos la misma cortapisa que la persona que “vive del diario” y solo puede conseguir en la tienda de esquina una pequeña porción de aceite de quinientos pesos.

Lo que está sucediendo hoy en el mundo producto de la pandemia y que afectará la vida humana, es un fuerte golpe dado a la campana, un llamado de atención que nos invita a propiciar reflexiones profundas en nuestros entornos cercanos y generar cambios.

En consonancia con esta invitación, podríamos comenzar planteando una de tantas escenas que nos hacen evidentes esas tensiones que hieren y afectan la vida humana, como la algarabía y pelea entre borrachos que en alguna ocasión hemos presenciado en las calles de nuestros barrios, siendo esto un triste ejemplo que, llevado al plano mundial, nos ayuda a entender como las potencias del mundo y en nuestro país los políticos se embriagan del poder económico para luego agredirse entre ellos, llevándose por delante las comunidades más expuestas.

Desafortunadamente, esta borrachera de poder con la que se maneja el orden mundial, fracturando y levantando fronteras entre la hermandad humana, termina dejándonos envueltos en una espiral de violencia que golpea nuestros modos de vida, la salud, la cultura, la ciencia, las relaciones que establecemos con la naturaleza, con la economía, con la política… con nuestros vecinos. Podemos asegurar que es una peste más mortal y contagiosa que la actual.

Esto al menos lo vemos reflejado en casos concretos tanto de la vecindad global como de la barrial. En lo global, seres enceguecidos que endiosan la acumulación, endurecen sus fronteras para “salvarse” a sí mismos y señalan como culpable al país hermano; en lo local, personas acaparando, haciendo negocio con los productos que requieren un uso responsable y, además, agrediendo a los extranjeros enfermos; en lo global, políticas y políticos que no se ponen de acuerdo y quedan expuestos ante la opinión pública, con medidas tardías y amañadas, a intereses particulares que privilegian la transacción económica a la vida y dignidad humana; en lo local, vecindarios que ven con desconfianza, desesperanza y desinterés las medidas de los gobiernos, enrareciendo un ambiente de vida ciudadana en el que parece que nada importa.

Afortunadamente, el campanazo es una nueva alerta, un nuevo llamado que requiere ser descifrado en clave de aprendizaje, a la par que se asumen los errores, se reconoce el daño y rectifican y rehabilitan prácticas. En ese sentido, son puntuales las reflexiones que queremos promover en nuestros diálogos de cuarentena, asumiendo la responsabilidad de quedarnos en casa.

1.    Hoy vemos como la tierra, gracias a un bajón en los ritmos de la voracidad humana, tiene un respiro con menos gases contaminantes, con menos producción y consumo de mercancías que a la larga son inútiles. Me quedo en casa identificando lo esencial, dándole valor a la austeridad, utilizando lo estrictamente necesario y enseñándole sobre esto a mis familiares.

2.    Nos enteramos sobre como los profesionales de la salud extreman esfuerzos y dedicación en el cuidado de la población y como se encuentra desmontado y frágil el sistema de salud para reaccionar ante catástrofes, emergencias médicas, virus o pandemias. Me quedo en casa reconociendo la importancia de acompañar el clamor por una salud como derecho y con enfoque comunitario, que priorice más hospitales y personal médico en nuestros barrios.

3.    Estamos cercanos a los que más sufren y con preocupación sabemos que la desigualdad económica atacará duro a quienes menos alternativas de trabajo tienen, a quienes los bancos no les prestan, a quienes no pueden dejar de trabajar un día, a quienes no tienen casa donde quedarse. Me quedo en casa buscando alternativas seguras y creativas para compartirles de lo que tengo y cuantas veces sea necesario le recuerdo a quienes administran el poder que tienen responsabilidad sobre quienes están sumidos en la pobreza y desigualdad por décadas.

4.    Las implicaciones económicas en el mundo afectarán profundamente las economías locales y esto se reflejara directamente en la vida de los más necesitados. Me quedo en casa llamándole la atención a quienes se han lucrado de la administración de las rentas, de los préstamos y del desmonte y privatización del Estado para que tributen, devuelvan y compartan a través de aportes directos a la salud, la vivienda y el trabajo de los excluidos.

Nos queda la responsabilidad a todos de prestarle atención a este fuerte campanazo, tomando las medidas urgentes en casa, preparando necesarios cambios y asumiendo la tarea con nuevo liderazgo que privilegie la vida y la dignidad humana sobre cualquier otro interés o cosa. #MásJuntosQueNunca

Para profundizar, leamos la Encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco:

«La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida» (Laudato Si’, 16)

 



Rubén Darío Gómez

Observatorio de Realidades Sociales

 

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