TRES DATOS PARA LEER EN POSITIVO LAS PRESIDENCIALES

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Más allá de los candidatos presidenciales, de los que quedaron para segunda vuelta y de los que no, es importante abordar una serie de aspectos relevantes dentro de esta contienda electoral y que vale la pena observar en perspectiva, sobre todo por las posibilidades de cambio que se entrevé en cada caso particular.

 

El primero de esos aspectos tiene que ver con la participación de los ciudadanos en las urnas. En total se contabilizaron 19’628.564 votos que sumados representaron el 53,3 %. Esta cifra obtiene particular relevancia si se considera como la segunda mayor votación a candidatos presidenciales en los últimos cuarenta años en Colombia.

grafico electoral

En el Valle del Cauca el escenario fue muy parecido. La participación electoral aumentó llegando al 51 % de votantes en el departamento, en comparación con el 49 % de la segunda vuelta de las presidenciales del 2014. Es decir, el pasado domingo salieron a las urnas 400.000 vallecaucanos más comparado con la jornada electoral de hace cuatro años.

 

Ahora bien, a pesar de que todavía no se puede cantar victoria, toda vez que la cifra abstencionista continúa siendo alta en el país (46,8 %), lo cierto es que este suceso puede estar mostrando una inusitada preocupación de los ciudadanos por los asuntos políticos, que los saca de ese estado de indiferencia que por décadas ha sido tan característico entre los colombianos.

 

El segundo aspecto a resaltar tiene que ver con el hecho de que los comicios del domingo, al igual que los de Cámara y Senado el pasado 11 de marzo, transcurrieron sin alteraciones del orden público. Este acontecimiento, unido a la imagen del exguerrillero Timoleón Jiménez sufragando, pone de manifiesto la realidad de un acuerdo en el que se decidió cambiar las balas por los votos. Súmesele a esto las nuevas poblaciones, alejadas geográficamente, que pudieron contar con un puesto de votación en sus territorios para ejercer su derecho como ciudadanos, sin la amenaza de grupos armados.

 

Mirar este hecho en perspectiva permite contemplar los efectos directos del Acuerdo de La Habana y de los diálogos con el Eln. En efecto, no se puede entender como un caso fortuito el que se esté hablando “de las elecciones más pacíficas en décadas”, que han posibilitado el cuestionar otras realidades, que han aumentado los niveles de tranquilidad en la mayoría de los territorios y que muestran una oportunidad histórica para seguir trabajando entre todos por la democracia en Colombia.

 

Como tercer aspecto, es interesante observar que las votaciones de este pasado domingo mostraron una fuerza que se deslinda de los partidos tradicionales y que está representada en 9.440.950 votantes que apoyaron a candidatos (Gustavo Petro y Sergio Fajardo) que ponen en la agenda política del país la relación que se establece con la casa común, la prohibición de prácticas como el fracking y las prioridades para una educación pública y gratuita.

 

Este 48,8 % de votantes puede estar mostrando, junto con el nuevo mapa político del Congreso de la República, si bien sus mayorías siguen siendo de la clase tradicional, un lento pero significativo avance en la conciencia política de las ciudadanías, que evidencian el deseo de cambio de un importante sector del país. De ahí que sea interesante considerar este porcentaje de votantes como un potencial para el cambio social y político que posibilite el establecimiento de fuerzas políticas de cara a un equilibrio en el ejercicio del poder.
En suma, podríamos estar asistiendo a un cambio paulatino que de manera lenta va mostrando una ciudadanía interesada y, poco a poco, comprometida con los asuntos políticos del país. Naturalmente que este proceso no se puede dar de la noche a la mañana, toda vez que es una transformación que sigue requiriendo de pedagogía y que, en su estado de emergencia, sigue estando amenazada por las posverdades que caminan en la línea de intereses económicos y políticos.  

 

No es el momento entonces de cantar victoria, no el de bajar la guardia; pero sí el momento para mirar más allá de las coyunturas y contemplar el interesante proceso que como país se deja ver tímidamente. Sea cual sea el candidato que llegue a la presidencia, es importante no perder la esperanza ni el deseo para seguir trabajando en la consolidación de una ciudadanía con sensibilidad nacional e inteligencia política.



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