CINCO FALTANTES DE LA JORNADA ELECTORAL

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Pasada la atiborrada jornada electoral, que contó con elecciones a Congreso, primera y segunda vuelta presidencial, además de la fiebre futbolera, nos parece importante destacar cinco situaciones que se presentaron y que, para seguir profundizando en la democracia, se deben pensar en clave ciudadana. Veamos de qué se trata:

 

Primera situación: Nadie puede negar que en primera vuelta los ciudadanos contaron con una gran diversidad de opciones para votar (siete candidatos en total). Todos ellos con énfasis y propuestas importantes que se debieron sopesar a la hora de elegir. Entre dichos énfasis se pueden destacar propuestas como el cuidado de la casa común a partir de ponerle freno al extractivismo, la prioridad de la educación pública y gratuita, el cerrarle espacios a la corrupción en la Administración pública y las prácticas políticas, cumplir los acuerdos para profundizar en la construcción de paz, fortalecer los núcleos familiares y la formación en valores y principios éticos, entre otros. Sin embargo, aunque existió esta gran variedad de opciones, en un diálogo desprevenido con vecinos y vecinas de esta ciudad, nos percatamos de una gran falencia: los ciudadanos no hicieron la tarea, no leyeron las propuestas de los candidatos y tomaron decisiones con la vaga información de medios de comunicación, titulares, redes sociales y comentarios de pasillo.

 

Consejo uno: Es vital educar las prácticas políticas de las ciudadanías, de manera tal que se asuman conscientes y responsablemente las tareas previas a tomar una decisión de tal trascendencia. Una práctica elemental que se convierte en tarea inaplazable es estudiar las propuestas y para ello se deberán generar espacios de encuentro familiar y vecinal que posibiliten la lectura y reflexión colectiva alrededor de las prioridades del país, la viabilidad, la coherencia de las propuestas y la trayectoria del candidato. Esto en un ambiente de respeto por la opinión diferente, que con seguridad servirá para tomar decisiones conscientes al tiempo que llevará a bajar la agresividad en las discusiones.

 

Segunda situación: Un gran dinamizador de la participación en la jornada electoral fue el cubrimiento y desarrollo de los debates, ya que generaron gran expectativa y midieron la capacidad argumentativa de los candidatos, además de ser la oportunidad -en vivo- de sustentar las principales tesis y de observar la manera cómo los candidatos se desenvolvían ante la presión de sus contradictores, asunto clave para quien asume la presidencia de un país con múltiples conflictividades. Ese ejercicio significativo en primera vuelta entró en detrimento para la segunda, principalmente porque en esta no se cumplió el requisito legal del debate público en el que se hubiesen podido destacar potencialidades de ambos contrincantes. 

 

Consejo dos: La reglamentación respecto al desarrollo de las campañas políticas y procesos electorales no dan lugar a dudas y deben cumplirse; es un principio rector que debe guiar todo el ejercicio para que ninguna de las partes se sienta en desventaja. En ese sentido las autoridades, medios de comunicación y la ciudadanía deben tener mayor conocimiento respecto a este marco legal y estar más atentas a hacer cumplir con transparencia las reglas de juego. Con el faltante del 2018, la situación no debería ocurrir nunca más y prever medidas, una de ellas puede ser programar con antelación los debates, involucrando organizaciones diversas de la sociedad y medios de comunicación tradicionales y alternativos. Esto último para superar la dispersión en la organización de los debates.

 

Tercera situación: Los remanentes agresivos y violentos permanecen en las formas de relacionarnos, a tal punto que ganan protagonismo cuando se entra a expresar las diferencias políticas. Un escenario cotidiano de conflicto se evidenció en redes sociales, esa ventana pública posibilitó hacer visibles las amenazas e insultos, algunas de ellas con investigación abierta ante la Fiscalía. Sin duda esto mismo se vivió con menos visibilidad en encuentros familiares, conversaciones entre vecinos y otros escenarios en los que la intolerancia se acompañó de estigmatización. De ahí que el señalamiento de guerrilleros o paramilitares deja entrever el gran desafío de reconciliación que como cuerpo social tendremos que ganar en los siguientes años.

 

Consejo tres: Parte de la formación y madures política necesaria en las ciudadanías está relacionado con el poder reconocer las posturas y formas variadas de concebir el mundo, de poder dialogar y construir con ellas en el marco del respeto y sin agresividades. El reto es poder generar una cultura de paces para el encuentro y la reflexión colectiva que aborrezca las armas, las violencias y las guerras.

 

Cuarta situación: Las cadenas de WhatsApp y las redes sociales son una tendencia creciente y relativamente nueva que hace mello en las decisiones de las ciudadanías. Esto fue evidente en el proceso electoral. Lo preocupante es que esta creciente manera de intercambio virtual se presta para reproducir falsas noticias y agresiones de todo tipo, influenciando negativamente a los electores. En otras palabras, una creciente influencia, so pena de unas ciudadanías poco preparadas para discernir entre lo verídico y lo falso, que nos hace vulnerables y fácilmente manipulables.

 

Consejo cuatro: Hay que encontrar estrategias comunicativas eficientes y agiles que ayuden a romper cadenas de mentiras y agresiones, al tiempo que eduquen a las ciudadanías respecto a la virtualidad, la verificación de la información, el contraste de fuentes y la necesidad de establecer criterios sencillos para evitar ser usados como reproductor de mentiras o agresiones. Esta tarea requiere trabajar de manera sostenida en el tiempo. Cada uno puede empezar poniendo en duda lo que le llega por redes y haciendo la pregunta: “¿Ya verificaste esa información?” a quien acostumbre replicar mensajes electrónicos.
 
Quinta situación: El miedo a atentados o acciones violentas en el marco de la jornada electoral quedó disipado, de allí que se dice que fue la experiencia más pacífica de la historia colombiana. Pero en contraste emergió el fantasma del fraude electoral, inicialmente por cuenta del falló del Consejo de Estado con el que se determinan las irregularidades en las votaciones, escrutinios y registros en las elecciones parlamentarias del año 2014; luego por las recomendaciones que hizo el Consejo de Estado a la Registraduría, que aún no se cumplen a cabalidad, respecto a un nuevo sistema que permita una completa trazabilidad del escrutinio de mesas hasta la declaratoria de la elección, además de la implementación de medidas necesarias para mantener los computadores actualizados y las copias de seguridad para resguardar toda la información de las votaciones; finalmente, el caso denunciado de manera viral por los ciudadanos por el mal diligenciamiento de los formatos E14 y el anuncio del Fiscal general sobre casos “nauseabundos” de corrupción en las elecciones de Congreso. Asuntos estos que no sólo generan miedos, sino que puede dejar a la Registraduría como una dependencia ilegitima ante una ciudadanía que demanda rigurosidad, eficiencia y transparencia.

 

Consejo quinto: Las ciudadanías deben fortalecer sus dinámicas de acompañamiento, veeduría y escrutinio, de manera que ayuden a aumentar las garantías de transparencia y a identificar las falencias como las que relucieron en este certamen que, por supuesto, deben ser corregidas prioritariamente; no vaya a ser que en octubre de 2019, con las elecciones de alcaldes y gobernadores, nos encontremos de nuevo con burdos “errores humanos”, con alteraciones del software o con nuevas demandas al Estado por manipulación de resultados. Eso no ayudaría mucho en la tarea que nos hemos propuesto: profundizar en la democracia.

 

Observatorio de Realidades Sociales.

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