VIENTOS DE CAMBIO

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Los vientos que en Cali circulan de Occidente a Oriente, esos que parecieran soplados por las montañas durante este mes, andan atareados levantando las sonrisas y la jugarreta de niños y niñas que ponen colorido el cielo. Hacia el Oriente, por ejemplo, las nubes parecen estancadas ante el zigzagueo de los rombos de papelillo, como si por estos días el cielo experimentara un monumental trancón de aves de papel. 

Abajo, desde donde se manejan con habilidad las cometas, el amontonamiento es mayor, las calles son intransitables; aquellas normas y señales de tránsito que se aprendieron dibujándolas en cartón, parecen ser adorno urbanístico y las cada vez más aceleradas dinámicas de la ciudad, terminan atropellando al que va despacio. En las últimas semanas han sido protagonistas los vehículos de carga tumbando puentes, los automóviles y motos sin documentos, los infractores sin quién les corrija; de allí que los encargados de regular la movilidad terrestre ofrecieran disculpas por estar ausentes (ver Diario El País, agosto 07 de 2016).

Entre esos dos escenarios, el de arriba y el de abajo, hay quienes preferirían movilizarse en una cometa; sería más fresco en una tarde de sol como las nuestras y además se podría apreciar la magnitud del extendido valle; con ello sueñan quienes con piola en mano saben si hacen falta tirantas o cola; con ello sueñan quienes pitan con desespero al amontonamiento de carrozas que vomitan humo.

Pero lo cierto es que aquí abajo uno se despierta y se da cuenta que todo está relacionado y que una cosa lleva a la otra. Los encargados de regular el tránsito reaparecen y tratan de mostrar resultados, se vuelven cazadores y buscan a quienes no pagan las infracciones de tránsito, los seguros y las revisiones; entonces centran los operativos en el Oriente presumiendo que quienes habitan acomodadas zonas de la ciudad mantienen los papeles en orden; buscan también a quienes han emergido como transportadores informales tras lo poco eficientes que son las rutas del MIO; también andan buscando a quienes infringen la prohibición del parrillero hombre. Sin embargo, en medio de la cacería, pasa lo que al infante al que se le rompe el hilo…

Los renovados guardas de tránsito terminan cansados de “correr” tras la cometa a la que se le limitaron los procesos educativos para formar la cultura vial y ciudadana, proceso que no se debe limitar a esporádicas campañas, sino que debe insistir en el tiempo, con lenguajes sencillos y amables, con invitaciones a cuidar la vida propia, la de la familia y la del extraño.

Corren sin alcanzar la reproducción de la ilegalidad, fundamentada en el derecho a hacer “negocio”; hacen negocio las empresas privadas que instalan la foto-multa; hacen negocio con las grúas en las que se apilan los inmovilizados;  los tramitadores que encuentran los vacíos para hacerle trampa al pago también lo hace y además, los funcionarios que permiten esa trampa… se hacen negocios hasta que tras uno y otro, la corrupción se extiende, minando la confianza en las instituciones y reproduciendo la lógica del aventajado en la vida ciudadana.

Corren tras el efecto del transporte pirata, perdiendo de vista la causa sustentada en el deficiente servicio de transporte público hacia las periferias de la ciudad (Oriente y Ladera); corren y no alcanzan, porque estas prácticas que inicialmente son de sobrevivencia económica,  se convierten en nuevos y aventajados negocios que aprenden de la ilegalidad – campaneras
[1] con ubicación estratégica en las vías, campaneros en motocicleta que siguen los operativos móviles del tránsito, funcionarios que han encontrado en el problema una entrada económica extra-

También corren tras los parrilleros hombres y se encuentran que la medida poco aplica cuando los asaltantes o victimarios esquivan los controles, pues no son aprehendidos ni son multados…

Los funcionarios, por estas vías corren y corren hasta cansarse; se dan un respiro y vuelven pidiendo disculpas por estar ausentes… Eso es ya un escenario cíclico en el que de cuando en vez se cambia al secretario de turno, mientras que la movilidad, sus normas y controles parecen estar pidiendo un nuevo vuelo, que no está en nuevos negocios –peajes urbanos, impuestos por pico y placa- sino que requieren equilibrar el vuelo, tal y como lo dice el saber de volar cometas: “Medir tirantas, alargar la cola porque cabecea y soltar más madeja cuando el viento pide”. En otras palabras, se requiere reforzar la formación ciudadana hacia una movilidad alternativa, respetuosa y garante de la vida; se requiere estimular formas de movilidad diferentes a las motorizadas; se requiere potenciar las relaciones cívicas en la calle, desmontar la práctica de agredir con el pito, llevar al desuso el cierre abrupto hacia el carril contiguo, entre muchas otras expresiones violentas en la vía; se requiere volver a la movilidad un carácter público en la que el bien común sea su derrotero y no la desproporcionada rentabilidad; se requiere que esa movilidad pública sea eficiente y propenda por tejidos cívicos en los que las comunidades sean escuchadas, recuperando el vínculo entre transportadores y vecinos; se requiere que instituciones encargadas de la regulación de la movilidad recuperen legitimidad y confianza entre los pobladores, a través de acciones de formación, mediación y regulación.
 
Observatorio de Realidades Sociales.

 

[1] Personas dedicadas a alertar sobre la presencia de las autoridades y los operativos de control.

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El Observatorio de Realidades Sociales es un servicio y un espacio de la Arquidiócesis de Cali para monitorear, interpretar, difundir e incidir en el conocimiento de las realidades sociales de la ciudad-región, con la perspectiva de acompañar a la ciudadanía en la construcción de alternativas de vida.

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