NO HAY PLAZO QUE NO SE CUMPLA NI DEUDA QUE NO SE PAGUE

 Inicio / Realidades y Presencias / SEMANARIO 123 / NO HAY PLAZO QUE NO SE CUMPLA NI DEUDA QUE NO SE PAGUE

Fecha Semanario

Ejes Temáticos

EDUCABILIDAD123 WEB


Eludimos durante años el conflicto político armado del país. Evitamos también la discusión profunda sobre él. Hacerlo era fácil para quienes habitamos las zonas urbanas porque, en algunos casos, sólo se trataba de apagar el televisor cuando aparecían informaciones que no nos gustaban. Las votaciones del 2 de octubre para aceptar o no el contenido de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC-EP, nos han mostrado divididos. Sin embargo, no siempre nos mostramos así. Cuando juega la selección colombiana de fútbol o cuando algún otro deportista nos pone en la opción de sentirnos ganadores, no sólo nos unimos sino que mantenemos encendidos los televisores.


En el marco de la discusión sobre nuestra unión o división, hemos tenido una innegable deuda histórica con las víctimas, con las comunidades campesinas, indígenas y afro, que han puesto los muertos, los heridos, sus casas, su tranquilidad, en esta guerra, y que por su condición de víctimas, han visto embargado, no sólo su presente sino su futuro.


La votación sobre los acuerdos nos puso de cara a una decisión trascendental. Más aún, el triunfo, aunque estrecho del NO, pero triunfo al fin y al cabo, ayudó a aclarar muy bien lo trascendental del asunto. Así algunos, incluso, no tuvieran claro cuán trascendental era y apenas ahora se estén dando cuenta. No hay opción de devolver el tiempo y lo que cada uno no hizo, pero también lo que hizo, está determinando este presente de incertidumbre y determinará el futuro de Colombia y de este conflicto político armado de 60 años. Tal vez sea el momento en el que por fin entendamos ese asunto del deber ciudadano y paguemos la deuda con las víctimas. Si sirve para eso, es ganancia… el problema es que lo entendamos volviendo a la guerra (dirán algunos que “la letra con sangre entra”).


Puede ser que no vaya a haber guerra urbana, como se dijo; puede ser que la confrontación armada siga igual que siempre, librándose en los campos y afectando a otros, a quienes, desde las ciudades, vemos por televisión; pero lo que sí es cierto, es que es posible que retorne la guerra y en ese sentido, no haber creído el argumento del conflicto armado urbano, no le resta gravedad al asunto de que vuelva a haber enfrentamientos bélicos en los campos. Frente a esa posibilidad, cada colombiano está jugado. Con su voto o con su resistencia a ir a votar, cada uno planteó su posición y es su deber, como ciudadano, asumir las consecuencias.


El país, agazapado en la no discusión y en el no compromiso, quedó develado y hoy tiene que dormir con la reflexión permanente no sólo en torno a qué habría pasado si votara por el sí… si no qué va a pasar por haber votado por el NO.  Cada uno se enfrenta hoy a los límites de su compromiso personal, de su apuesta de país: ¿Qué tan generosos o mezquinos fuimos con la posición que tomamos?


Las víctimas más directas del conflicto, algunos dicen, las verdaderas víctimas, votaron mayoritariamente por el sí. Bojaya, por ejemplo, votó en un 95,78% por el sí y sólo un 4,22% por el No[1] . No se podría decir que su dolor es pequeño o que pueda haber uno mayor que invalide su experiencia o le reste poder a la manifestación que hicieron a través de su voto: El 2 de mayo de 2.002, 119 personas de este municipio murieron como consecuencia de un combate y 6.000 civiles terminaron desplazados[2]. ¿Qué decirles a ellos, si uno votó por el SÍ; qué decirles si uno voto por el NO?


No es fácil salirse de la posición que se asumió, pero era necesario tomar partido y salir de la comodidad de 60 años sin mirar hacia los lados ni preocuparse por los demás, “por el país” (y no sólo de dientes para afuera). Entonces, la encrucijada y la inquietud no es sólo para los que votaron. También es para los que no votaron. Los que privilegiaron su comodidad de no salir por la lluvia, de no votar porque para qué… Todos quedaron expuestos así el voto sea secreto. Quedaron expuestos ante sí mismos, porque podrán utilizar hacia fuera muchas explicaciones, muchos pretextos, muchos: “sí, pero”… Sin embargo, frente a sí mismos y a una realidad que los hace responsables, es difícil esconderse. En medio de su política de no violencia, Gandhi profesaba la idea de recibir pasivamente la violencia del otro, como una manera de ponerlo ante sí mismo, de avergonzarlo frente a su maldad… y en ese contexto, los pretextos no son suficientes, porque se trata de cada uno mirándose frente al espejo de lo que hizo, de lo que decidió y de las consecuencias de ello.


El panorama no deja de ser aterrador. Sin embargo, en medio de todo y desde la perspectiva de que toda situación representa una oportunidad y apelando a un optimismo que algunos votantes del NO, proponían el día después de las votaciones… ésta es una oportunidad para enseñar a las nuevas generaciones a ser ciudadanos. Enseñarles a través del ejemplo y la coherencia. Ese es el otro espejo, del cual va a ser muy difícil esconderse por estos días y en el futuro.


Mientras tanto, para seguir alimentando esa discusión con uno mismo, el testimonio de una de las víctimas de Bojayá, que se manifestó sobre los resultados del 2 de octubre y la apuesta de su pueblo por el SÍ, da cuenta de la vida que hoy los bojayaseños temen que se pierda y que se había ganado en los últimos años, con la negociación: "Se ha vuelto a cultivar. Eso me da mucha emoción porque cuando uno va por la orilla del río se empiezan a notar las matas de arroz espigando (...) la oportunidad de poderse movilizar por las comunidades sin que salgan al paso organizaciones armadas o, que uno ya no quede en medio de las confrontaciones. Una cosa es decirlo y otra es tenerlo que sentir nuevamente", cuenta Rosmira[3] .





Observatorio de Realidades Sociales.

 

 
 

1.        

2.       Cuando la situación es más crítica es cuando se debe tener más aplomo y mesura para proteger la apuesta por la vida sin dejar que la ansiedad se apodere de nosotros y nos lleve a medidas desesperadas.

Acerca de nosotros

El Observatorio de Realidades Sociales es un servicio y un espacio de la Arquidiócesis de Cali para monitorear, interpretar, difundir e incidir en el conocimiento de las realidades sociales de la ciudad-región, con la perspectiva de acompañar a la ciudadanía en la construcción de alternativas de vida.

Contáctenos

 

  • Carrera 4a N°7-17
  • 8890562 Ext: 1010-1013 
  • observatoriorealidadessociales@arquicali.org