TIEMPO DE CONSTRUIR NUEVOS ACUERDOS

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EDUCABILIDAD 129


Tiempo de nuevos acuerdos, de revisión de acuerdos iniciales; tiempo de procesos que deberían conducir a construir consenso; tiempo de cuestionarse, hacer las reflexiones que corresponda y tomar las posiciones que se consideren más convenientes en el marco de un interés común, colectivo, de construir una paz completa. Es detrás de esa idea de una paz completa que se supone que no fueron aceptados los primeros acuerdos firmados entre el Gobierno Nacional y la insurgencia de las FARC EP.


Pensando en esa idea de una paz completa, la reflexión debería llevarnos no sólo a revisar lo firmado en La Habana, sino a examinar los distintos aspectos de la vida cotidiana, pues si de paz completa se trata, es clara la necesidad de que todos aportemos a ella, desde las acciones más pequeñas y hasta las más grandes apuestas.


En ese marco, son válidas las siguientes preguntas: ¿Qué habría que acordar de nuevo en relación con la educación y la cultura ciudadana?, ¿cómo aportamos desde esos dos ámbitos a la construcción de una paz completa?


Lo primero que habría que decir es que en buena medida, esos dos temas nos ubican en el contexto urbano; ese mismo que ha decidido, por mayoría, a través de la votación en el plebiscito del 2 de octubre, que se deben discutir de nuevo los acuerdos firmados inicialmente; el mismo que, a juicio de otros, a veces parece mostrarse poco interesado en la terminación de la guerra, porque tal vez no se siente tan tocado por ella, como si lo perciben las zonas rurales donde habitan las víctimas más directas de la confrontación armada. Siendo así, esas dos preguntas nos ubican entonces en la responsabilidad de quienes habitamos la ciudad respecto a esa paz completa. Miremos algunas pistas en el ámbito de la educación y en el próximo semanario haremos el mismo ejercicio para el contexto de la construcción, fomento o generación de la cultura ciudadana.


En relación con la educación, desde 2014, el país se viene haciendo cuestionamientos sobre la calidad de nuestro proceso formativo en sus distintos niveles. El campanazo de alerta, en aquella época, lo dieron los resultados del país en las Pruebas PISA (en ese momento Colombia ocupó el último lugar en la lista de países evaluados, con 379 puntos[1] ). Sin embargo, el tema tenía dos antecedentes no tan cercanos en el tiempo: Primero, que desde 2006, cuando el país se presentó por primera vez a estas pruebas y hasta ese 2014, realmente no se habían presentado mejoras significativas en sus resultados (incluso en algunos años se habían presentado retrocesos) y adicionalmente, que las recomendaciones planteadas en 2014 eran prácticamente similares a las propuestas, 22 años antes, por una “Comisión de Expertos”, constituida por instrucción del Gobierno de César Gaviria, para analizar las necesidades de la educación en nuestro país. En esa época, en un foro organizado por la Revista Semana, se habló de que había llegado la hora de un pacto nacional por la paz[2]. En otras palabras, la hora de una alianza colectiva por la educación. Algo parecido a lo que se dice hoy respecto a la posibilidad de  firmar un acuerdo que le ponga fin a la confrontación armada Gobierno – FARC EP.


Ese panorama, con tales complejidades, con esas paradojas de que se identifica un problema pero parece no resolverse de un año a otro, es muestra de muchas claves como las siguientes: Por un lado, prueba que las transformaciones profundas son un asunto de proceso; por otro, esos procesos implican inversiones de recursos y tiempo importantes (no se transforma de la noche a la mañana el panorama en sectores tan complejos como el de la educación) y también muestran que en la tarea se deben comprometer generaciones enteras, gobiernos e instituciones que se deben transformar. Tal vez por eso, hoy, luego de 22 años de la “Comisión de Expertos”, de 10 de la primera presentación del país a las Pruebas Pisa y de 2 años del campanazo de alerta de 2014, el problema no se ha resuelto. Se puede decir, seguramente, que en países como los nuestros, además, se trata de procesos aún más largos dadas las grandes debilidades organizativas, las constantes amenazas de fenómenos como la corrupción y las dificultades para construir consenso y comprometernos todos con un cambio que debe involucrarnos porque nos afecta. También en aquella época, como con el actual acuerdo de paz, se hablaba de un país polarizado y dividido. De allí la referencia a la necesidad de un acuerdo nacional.


En medio de todo, es indudable que el país ha emprendido acciones, que habrá que evaluar para saber qué tanto hemos mejorado, no sólo en el marco de las pruebas PISA, para la comparación internacional, o las Pruebas SABER, para el contexto interno; ambos referentes necesarios pero que no deben ser los únicos; pero en aras de alimentar la reflexión, en el plano más cotidiano, ese proceso que se ha venido dando, daría pie a preguntas que nos permitan evaluar qué tanto, en ese marco de lo que se ha estado haciendo, hemos aportado desde nuestras áreas de influencia:


·         Desde la política, nos preguntábamos en el Semanario anterior, en qué momento se pierde el Norte de la educación como apuesta social. A esa pregunta habría que sumarle inquietudes relacionadas con identificar si en el plano de las administraciones regionales, locales y de las mismas instituciones educativas es posible identificar un Norte claro o por lo menos, que esos contextos o planos de la decisión se están moviendo en una dirección que nos permita decir que en un lapso de tiempo determinado habremos llegado a un destino preciso, ideal o deseable, que corresponda con el Norte que queremos. Habrá que decir que en el debate público eso no parece claro. En la discusión nacional, el debate sobre la calidad educativa es más recurrente e incluso se pueden identificar metas asociadas, sobre todo, a las mencionadas pruebas, pero en el plano regional y local, ese debate no aparece. Ni siquiera se puede identificar que haya una preocupación clara y permanente por el tema de la calidad que le permita a la ciudadanía saber dónde debe estar la educación de sus hijos, en 5, 10 o 20 años. Si no es claro que ese debate se esté haciendo, se dificulta entonces la generación de un compromiso de todos en el proceso de transformación.


·         Desde las autoridades y las administraciones regionales y locales, valdría preguntarse por la puesta en práctica de esa transformación y, en ese sentido, vale la pena recordar que en el plano municipal se ha vivido más como un problema que como una posibilidad, el proceso de ajuste al Programa de Cobertura Contratada, en torno al cual se decidió en algún momento, no contratar con algunas instituciones que no cumplían con los mínimos de calidad exigidos. Esta situación en ningún momento ha generado un debate por la calidad y las preocupaciones se han concentrado más en la falta de orden y efectividad para emprender la tarea de reubicación de estudiantes, al punto que hoy no es claro dónde están 6000 adolescentes y jóvenes que no se encuentran matriculados. Es un contrasentido, que los gobiernos no sean capaces de ubicar el debate en el lugar que corresponde, pues en teoría, no hay mejor justificación que la calidad, para reubicar para un estudiante. Sin embargo, no es gratuito que algunos padres de familia parezcan no hacerse las preguntas por la calidad y prefieran seguir enviando a sus hijos a una institución calificada como deficiente o dejar de matricularlos sin medir las implicaciones que tiene la desescolarización en el futuro de sus hijos. Algo está quedando pendiente, para que esto pase, en el sentido de las reflexiones que desde las administraciones se deben propiciar con la ciudadana.


·         Desde la cotidianidad de los padres de familia y líderes comunitarios, podríamos  hacernos dos preguntas: ¿Qué tanto hemos aportado a la necesidad de transformación de la educación, denunciada hace 22 años? y ¿qué tan claro tenemos si la educación que ofrece la institución educativa ubicada en nuestro sector o a la que asisten nuestros hijos, ofrece la calidad en la formación que esperamos y orienta en el sentido que queremos, a nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes? Sólo con respondernos esas preguntas, ya tenemos grandes pistas para la acción desde nuestro lugar como ciudadanos.


Para cerrar, las preguntas a resolver en el próximo semanario: ¿Qué habría que acordar de nuevo en relación con la cultura ciudadana?, ¿cómo aportamos desde ella a la construcción de una paz completa?



[1] Ver http://www.portafolio.co/economia/finanzas/estudiantes-rajaron-vez-pruebas-pisa-60582 publicado el 9 de Julio de 2014 y consultado el 15 de noviembre de 2016.

[2] Revisar Informe “¡Exigimos Educación! Revista Semana. Edición impresa del 4 al 11 de mayo de 2014. Página 46 a 51. 



Observatorio de Realidades Sociales.

 

 
 

1.        

2.       Cuando la situación es más crítica es cuando se debe tener más aplomo y mesura para proteger la apuesta por la vida sin dejar que la ansiedad se apodere de nosotros y nos lleve a medidas desesperadas.

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