EL DEBER DE LA MEMORIA

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Las generaciones que hemos vivido la guerra de insurgencia y contrainsurgencia, con toda su carga de crueldad y degradación sin límites, nos sentimos obligados a pensar la vida en Colombia de una manera diferente. La experiencia de la barbarie, que asesina de alguna manera, al ser humano que queremos ser, llega también como lo constatamos hoy, ante la denegación de la salida política al conflicto, a ASESINAR EL MIEDO, y esto es grave, porque genera una actitud suicida, temeraria, desafío ilimitado. En Colombia empezamos a sentir la muerte del miedo cuando vemos cuadros actuales como unos menores de edad en La Lizama, Santander, desafiando hasta más no poder a unos soldados del batallón. O cuando escuchamos narrativas de autoinmolación como la que brindó, en días pasados, un jefe guerrillero, desde el Chocó, refiriéndose al inconcebible atentado contra la Escuela de Cadetes en Bogotá. O cuando vemos imágenes como las de estos días en Valdivia, entre soldados y campesinos cocaleros, en confrontación similar, desafiando a los militares a que les disparen.

Matar el miedo puede significar el paso al estado más suicida de violencia en Colombia, desencadenando los demonios de las guerras civiles y sin retorno a lo humano, al diálogo. Algo similar a la horrenda situación que vive aún el mundo con fuerzas enceguecidas como las del estado islámico y sus macabros escenarios.

Es una ALERTA que quiero dar, desde este espacio fotográfico de la exposición EL TESTIGO, que nos brinda Jesús Abad Colorado, “Chucho”. Una exposición que retrata el miedo, el horror del conflicto, y la muerte del miedo, que es la fase máxima a la que nos quieren conducir en estas épocas de dilema y encrucijada sobre si la legalidad se hace desde la confrontación desafiante o se construye desde el cierre a la confrontación armada y la sanación de la humanidad desangrada y anémica que nos queda por dentro, - la poca humanidad que nos queda-  de la restauración por la vía de la verdad y de la justicia que ella implica, y por la vía de la reconciliación y no repetición, de un proceso transicional.

Que al ver estas imágenes, renazca la memoria atrofiada y aturdida y, el deber de la memoria, plasmado en ellas, dé paso a dejar hablar al sufrimiento, que es la condición de toda verdad. Y, sobre todo, que dé paso al NUNCA MÁS. Así la memoria nos transita por el pasado, lo ocurrido, y por la agresividad y el enfrentamiento que la verdad provoca, el presente. Hacia la novedad de un mundo que se aleje definitivamente de esta fábrica de muertos que ha sido la guerra que aunque es la actual aun no logramos que sea la última. La memoria nos convierta en testigos de esperanza porque nuestra visita al pasado es aquí  compromiso con el futuro no violento que anhelamos y construimos. Gracias Jesús Abad, todos tendremos que agradecerte en el presente y el futuro.


+Darío de Jesús Monsalve Mejía
Arzobispo de Cali

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