EL VOTO: FETICHE EN LA DEMOCRACIA

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Colombia está en pleno furor de campañas electorales para congreso y presidencia. En el 2018 los colombianos vivirán dos o quizás tres “fiestas de la democracia” que ponen a prueba la participación ciudadana a través del voto.

El voto es uno de los instrumentos que mayor legitimidad le otorga a la democracia, por eso las instituciones, buscando motivar a los electores, han acudido a estrategias como el medio día de descanso laboral pago a quienes voten, descuentos en educación, rebajas en expedición de pasaporte y así otros incentivos para disminuir la abstención que se mantiene a pesar de los esfuerzos.

A las instituciones les preocupa que la ciudadanía no salga a votar, ese hecho es interpretado como un síntoma, una señal de que algo no está marchando bien y deja expuesta la debilidad y la desconfianza en el sistema político.

En la democracia más antigua y estable de América Latina, el 49.9 % de los colombianos se sienten muy insatisfechos con su sistema político y sólo el 29.3 % considera que Colombia es un país democrático, así lo reveló la última Encuesta de Cultura Política (ECP) realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en 2017.

Siendo así las cosas, no es extraño que esa apatía termine por reflejarse los domingos en la tarde cuando finaliza la jornada electoral y la Registraduría Nacional cuenta uno a uno los votos y emite los boletines que reflejan la baja participación de la ciudadanía en las urnas.

En 2014 la abstención en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales fue del 52 %, lo que significa que de los casi 33 millones de colombianos habilitados para sufragar, 17 millones no acudieron al llamado de las urnas. Si la salud de la democracia en Colombia se evaluara según el número de votos, la del país estaría enferma de gravedad.

La participación a medias en los comicios no es un fenómeno nuevo, es una realidad que ha estado presente en los últimos 70 años de vida democrática. Sin embargo, como lo manifiesta el sociólogo y docente investigador de la Universidad del Valle, Juan Carlos Chávez, el voto es “una expresión política momentánea, una fotografía del momento, lo cual no quiere decir que eso sea la democracia”, es decir, para el docente la democracia no debe reducirse al ejercicio de votar sino que se debe concebir como algo que va más allá.

Limitar la democracia a las urnas es quitarle protagonismo a otras formas de participación que han acompañado de manera permanente el ejercicio de ser ciudadano y que contribuyen así al fortalecimiento de la “democracia en la medida en que el pueblo tome decisiones con relación a su vida, a su comunidad, a su entorno, no participando solamente en ir a votar”, así lo expresó el administrador público, Juan Carlos Castro Baños, quien participó como panelista del encuentro de Amor Eficaz “La Democracia más allá del voto”, organizado por el Observatorio de Realidades Sociales, la Mesa Ecuménica Valle del Cauca y el Tinto por la Paz.

Lo clave en la democracia es el poder de la ciudadanía para hacer parte de la construcción y desarrollo de los planes que los afectan, incidir en las políticas que tengan como enfoque principal la dignidad humana, lo que implica un ejercicio pleno de participación, que invita a trascender la elección de concejales, diputados, alcaldes, gobernadores, congresistas y presidente.

Sin embargo, existen grandes retos para lograr movilizar a la ciudadanía como lo resalta la Encuesta de Cultura Política en la cual se plantea que los colombianos poco participan de espacios organizativos que están relacionados con la incidencia en los planes y programas públicos. “En 2017, el 74.5 % de las personas de 18 años y más afirmó asistir a reuniones de iglesias, organizaciones o grupos religiosos, el 13.5 % a Juntas de Acción Comunal y demás organismos de acción comunal y el 11.7 % a reuniones de Asociaciones, grupos, clubes o colectivos recreativos, deportivos, artísticos o culturales”, señala el informe del DANE.

Si bien en el país hay todo un fetiche alrededor del ejercicio de votar, la democracia es mucho más que elegir o ser elegido, va más allá del voto lo cual implica que las y los ciudadanos se empoderen para que propongan alternativas desde su barrio, desde su comunidad. Ser ciudadano o ciudadana es un lugar incómodo que propone verse a sí mismo como dirigente de su propio futuro.

En resumidas cuentas nos queda después del fetiche, grandes retos: Formar sujetos políticos, avivar la participación ciudadana como un deber cotidiano y fundante de la sociedad, darle lugar a la innovación política generando nuevas experiencias de participación y decisión frente a lo público; constituirnos como pueblo, comunidad y Estado.

Observatorio de Realidades Sociales

Esta ciudad se encuentra enfrentada de manera directa, como la mayoría de poblaciones en Colombia, a las políticas arrasadoras del Estado que, con su concepción de un modelo desarrollista ya fracasado, solo vela por la defensa de los intereses del gran capital.

Desde el año pasado, un sector de la comunidad caleña lleva a cabo un proceso de resistencia para preservar el humedal El Cortijo (ubicado en la vía Cali - Jamundí), con lo cual se aspira a detener las obras de construcción de la terminal del sistema de transporte masivo (MIO) y la pavimentación de 63.300 M2l

Lamentablemente, la destrucción ha comenzado en el cinturón ecológico del río Lili, que es como un hotel de verano para las aves migratorias, además de un laboratorio ecológico para los niños de la ciudad. Y es que Cali se reconoce a nivel mundial, no solo por ser la capital de la salsa, sino por ser la ciudad de las aves. Por eso muchos biólogos y ambientalistas se declaran alarmados por la amenaza de pavimentar un humedal como el Cortijo, donde existen alrededor de 109 especies de aves residentes, que representan aproximadamente el 13 % de las especies registradas en el Valle del Cauca (818 especies).

Además de la rica variedad en aves, en este mismo ecosistema habitan guatines, armadillos, ardillas, chuchas, murciélagos, mariposas y otros insectos. Se afirma también que es posible encontrar conejos, incluso, con avistamiento de zorro cañero; dos especies de peces, culebras y anfibios. Fuera de lo anterior, “[…] Con las obras de la Terminal Sur del Mío, serán cerca de 300 árboles los que se tendrán que talar para levantar la estructura en 3.4 hectáreas […][1]. Sobre esto se debe tener presente que la comunidad afirma que pueden ser muchos más árboles, toda vez que no se hizo un inventario de los mismos.

Pero no sólo se trata del grave daño al ecosistema, también se debe tener presente el aspecto arqueológico, que tampoco se ha tenido en cuenta para la construcción del terminal de transportes del MIO. Al respecto dice una funcionaria que no revela su nombre: “El ICANH es un instituto que debe velar por la conservación de nuestro patrimonio arqueológico; Metrocali no tuvo en cuenta que esta zona es de alto nivel de importancia arqueológica y con el levantamiento por parte del ICANH dejó desprotegida la zona, ya que incluso estos estudios debieron ser previos a los diseños finales de la obra, es decir, no se puede diseñar hasta no estar totalmente seguros que en la zona no hay restos arqueológicos […]; lo que demuestra la poca importancia que le dan a nuestro patrimonio ancestral”.

En cuanto a la resistencia de la comunidad por impedir la desaparición del humedal, y la respuesta de la en cabeza del alcalde Maurice Armitage, la lideresa Luz Stella Lenis afirma:  “[…] hasta la fecha del 18 de junio de 2017 no se conocía por muchos sobre el humedal, solo unas cuantas personas […] El 20 de julio 2017 en horas de la mañana se instala la carpa por la comunidad; las lágrimas surgen al recordar que este es el día de la independencia de nuestro país […] y donde se gesta el grito de libertad de este Valle sagrado y el bosque seco tropical y el humedal. Una libertad merecida por ser patrimonio histórico ambiental, porque fue en este lugar que habitaron los indígenas Lilies y los Piedras, donde lo españoles los masacraron por defender estas tierras […] Entre las personas que han liderado se encuentran Ricardo Rincón, el corazón de la carpa, incansable guerrero, Rocío Ruiz, presidenta de la JAC Valle del Lili, Román Díaz, su vicepresidente, y así, innumerables y valiosas personas que se han comprometido con el proceso […]”.

Después de múltiples reuniones, marchas, plantones, acciones jurídicas, el 24, 25, 26 y 27 de agosto 2017, a las 4:00 a.m., el ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) fue enviado para agredir y reprimir a la comunidad, utilizando perdigones, gases lacrimógenos y hasta armas de fuego. Durante esos días se llevaron a tres compañeros de manera ilegal, reteniéndolos por varias horas; ante semejante atropello, algunos habitantes se encadenaron a los árboles como símbolo de rechazo al tratamiento represivo por parte de la municipal.

Teniendo en cuenta estos testimonios, y corroborando que los entes de control se colocan al servicio de los intereses del capital, en contravía de los derechos de la naturaleza y de sus gentes, cabe preguntarse: ¿cómo hacer entonces para que una ciudad se desarrolle? ¿En qué consiste el denominado progreso que tanto nos han vendido?

Para tratar de dar respuesta a estos interrogantes, vale la pena mencionar que la idea de “desarrollo” y “progreso” fue ofrecida por los países hegemónicos a comienzos de la segunda postguerra (mediados del siglo XX), y para ello diseñó todo un discurso sobre conceptos como “desarrollo”, “subdesarrollo”, “Tercer Mundo”, etc. Así las cosas, América Latina entró en una suerte de “carrera” por alcanzar los niveles de lo que los poderosos llaman desarrollo. Sobre esto vale la pena retomar la declaración de Naciones Unidas cuando dice: “Hay un sentido en el que el progreso económico acelerado es imposible sin ajustes dolorosos. Las filosofías ancestrales deben ser erradicadas; las viejas instituciones sociales tienen que desintegrarse; los lazos de casta, credo y raza deben romperse; y grandes masas de personas incapaces de seguir el ritmo del progreso deberán ver frustradas sus expectativas de una vida cómoda. Muy pocas comunidades están dispuestas a pagar el precio del progreso económico” (1951, 15).

Quizá esta declaración nos permite comprender un poco qué es lo que está pasando no solo en Cali, sino en todo nuestro país, donde precisamente con las ideas de “progreso” y “desarrollo” se está exterminando la biodiversidad y la cultura de nuestros pueblos, anteponiendo el apetito voraz del capital.

Por ahora, la lucha de la comunidad continúa y seguirá creciendo.

 

Silvia María Salazar Giraldo

Observadora ciudadana

 

Para tener más información sobre la ubicación del humedal, puede consultar la siguiente página: https://www.youtube.com/watch?v=eJ9sDXGg8kI.

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