INELUDIBLE COMPROMISO

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2018 es para los colombianos un año de grandes desafíos, que requiere el rompimiento de los hilos de la desidia y la adopción del comprometido esfuerzo de los ciudadanos, “responsable, libre y consciente”, para hacer de este país un lugar de inclusión y esperanza para la paz. Al hilo de esta necesidad, la Conferencia Episcopal Colombiana ha querido motivar la participación, en espíritu de comunión, de cara a la próxima contienda electoral. Para lo anterior, tal como lo propone la misma Conferencia, será ineludible derrotar la indiferencia y empezar a involucrarse para la consolidación de intereses comunes.

Lo anterior propone un importante desafío si tenemos presente que Colombia es el país de América Latina con uno de los abstencionismos más altos de la región y que en las jornadas electorales más recientes, tanto de 2014 como de 2016, su nivel de abstención alcanzó el 60 % y el 62 %, respectivamente. Esto nos muestra que nuestra “tradicional” forma de actuar ha consistido en dejar en manos de unos pocos las grandes decisiones de la nación, bajo la mentira que escaso efecto produce el simple concepto de un ciudadano de a pie. Pensar por ejemplo que un voto no marcará la diferencia se convierte en la mejor manera de argumentarnos que vale lo mismo sufragar o no; cosa que, unido a la desconfianza generalizada, nos lleva a volcarnos a una indiferencia que se pronuncia únicamente para lamentarse de los males, sin por ello asumir responsabilidades que den respuesta a la necesidad de mitigar el mal que nos carcome desde adentro.

En este orden, nos terminamos convirtiendo en unos “indiferentes quejumbrosos”; en seres que esperan a que las cosas mejoren sin hacer el mínimo esfuerzo para que así suceda, o bien, haciendo de contrapeso para que nunca suceda. Es de lamentar que por muchas décadas esta ha sido nuestra apuesta, sin embargo, ¿hasta qué punto creer que la paz se logra a través de la guerra? ¿Por qué creer que la mejor justicia es la que se imparte por mano propia? ¿Hasta cuándo vamos a defender la irrazonable tesis de que la violencia se combate con violencia? ¿Hasta cuándo Colombia seguirá sumisa al discurso de unos “líderes” que solo le han traído confusión, corrupción y decepción? ¿Cuándo despertaremos, Colombia?

Así las cosas, se nos pasa por alto que la omisión es también una forma de decisión, que deja en manos invisibles las riendas de nuestro destino. Para evitarlo, debemos convertirnos en forjadores de un nuevo horizonte, aprendiendo a tomar decisiones y a no esperar a que otros las tomen por nosotros. En otras palabras, será forzoso superar por fin la insoportable y todavía inalterable minoría de edad, aquella que nos mantiene como ciudadanos impedidos para elevar nuestra opinión y emitir de manera razonable el derecho-deber al voto. Nos debemos dar la oportunidad de pensar y planificar nuestro futuro, asumiendo la responsabilidad subjetiva de cara al mejoramiento de las condiciones de vida para todos.

Ahora bien, en sintonía con la invitación de la Conferencia Episcopal Colombiana, la participación por sí misma no es completa hasta y cuando esta propenda en favor de la defensa de los valores fundamentales. En este sentido, 2018 debe ser el año para cuidar la vida y para que esta sea puesta como criterio fundamental y regulador de la apuesta ciudadana. Toda propuesta debe estar encaminada entonces a trasparentar este cuidado y a luchar para que toda persona sea protegida en su dignidad. Con ello será imprescindible el compromiso ético contra la corrupción, también propuesto por la conferencia, por el cual se busque vencer esa inclinación a relativizar la ilegalidad en función del bienestar egocéntrico y particular. El compromiso ético supone entonces el rechazo a toda práctica que vaya en contra de la democracia, la dignidad humana y del desarrollo integral de todos los colombianos. Lo anterior podría resumirse en las siguientes máximas:

·         Convénzase: su voto es necesario y sí cuenta.

·         Ejercítese en la honestidad; no intercambie su voto por favores.

·         Vote con plena libertad y de cara a propuestas y soluciones.

·         Piense en el bien común, no únicamente en el suyo propio.

En suma, depende de todos y cada uno de nosotros discernir qué camino es el mejor para Colombia.


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