SÓLO CUANDO

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Sólo Cuando podamos llenar nuestros estómagos de alimento.
Sólo cuando lo básico para vivir no sea una lucha diaria que se pierda.

Sólo cuando el día en que ir al cine o a una obra de teatro sea una posible y real disyuntiva.
Sólo cuando los pueblos más sanos no se midan por el número hospitales de que
dispongan.
Sólo cuando andar por las noches de pueblos, ciudades y montañas, sea un acto sin zozobra.
Sólo cuando al servidor público, no haya que servirle, si no que sirva.
Sólo cuando la corrupción de toda índole, no se justifique por las obras inconclusas.
Sólo cuando la reducción del desprestigio no sea sinónimo de confianza.

Sólo cuando la confianza vuelva a fundarse en la palabra.
Sólo cuando el éxito no sea pasar por encima de cualquiera.
Sólo cuando al avivato se le aísle y no se le haga fiesta.
Sólo cuando pensar diferente, no sea motivo de asesinato.
Sólo cuando la frase limpia y honesta, se entienda en la mirada de nuestro semejante.
Sólo cuando amar, sea la reafirmación de la existencia humana.

Sólo cuando los hijos sean nuestros colegas y no sólo nuestros hijos.
Sólo Cuando nuestros amigos sean eso, en cualquier circunstancia, y no sólo alrededor de
unas cuantas copas llenas y botellas.
Sólo cuando el encuentro de los amigos sea para compartir y no para urdir triquiñuelas.
Sólo cuando nuestros amigos, sean en verdad nuestros amigos.

Sólo cuando el aprecio de los tuyos y los otros sea una verdad por lo que eres, y no por lo que tienes.
Sólo cuando el miedo sea expresión de valentía y no de cobardía.
Sólo cuando al campesino desterrado, le sea nuevamente posible obtener los frutos de su huerto.
Sólo cuando al niño de fusil se le permita volver a la escuela, para disparar sabias palabras y no el proyectil asesino,

Sólo cuando cese la vergüenza de no saber graficar nuestro nombre en una hoja en blanco.
Sólo cuando las madres arrullen a su hijos, en vez de llorar a sus muertos.
Sólo cuando las mujeres entreguen su cuerpo, no al violador, si no a quien les dé la gana.
Sólo cuando el corazón de los colombianos sea un cofre de alegrías y no de frustraciones.
Sólo cuando los migrantes del miedo vuelvan a nuestro país, a ver la luz donde nacieron.
Sólo cuando en el partidor no se queden muchos, y a la meta lleguen unos pocos.
Sólo cuando sea posible departir donde uno quiera y a la hora que sea.
Sólo cuando un trago sea de miel y no el acíbar de la tragedia.
Sólo cuando todos podamos reclamar un lugar bajo el mismo cielo.
Sólo cuando a tu enemigo lo puedas abrazar sin resquemores.
Sólo cuando mirar a los ojos del otro, aún si es mi enemigo, sea un acto de gallardía.
Sólo cuando a la calle no te llame el desconcierto si no las buenas razones.

Sólo Cuando las barricadas cierren las calles y carreteras, pero abran los caminos.
Sólo cuando los ríos, los mostremos por sus aguas y no en fotografías.
Sólo cuando los bosques alberguen la vida y no a los delincuentes.
Sólo cuando los mares sean de agua y no putrefacta pestilencia.
Sólo cuando las empresas entiendan que son eso y no simples vendedoras de mercancías.
Sólo cuando los empresarios aprovechen la naturaleza y no la desmantelen.
Sólo cuando la vida pierda precio, pero gane el valor que tiene.
Sólo cuando el envase no valga más que el contenido.
Sólo cuando el dinero no asegure el aprecio y el valor de los tuyos.
Sólo cuando los políticos entiendan la dimensión de su compromiso y no el atractivo de sus bolsillos llenos.
Sólo cuando la hipocresía no se eleve al pedestal de la amistad sincera.
Sólo cuando la adulación no refleje la magnitud de las carencias.
Sólo cuando la lisonja no se convierta en la antesala de la trapisonda y la puñalada matrera.
Sólo cuando nuestro quehacer diario sea el fruto de lo que pensamos.
Sólo cuando nuestro pensamiento constituya la síntesis de lo que creemos.
Sólo cuando nuestras acciones sean la consecuencia de nuestros principios.

Sólo cuando nuestras creencias sean la certeza de lo que esperamos.
Sólo cuando lo que anhelamos se convierta en la razón de ser de lo que amamos.
Sólo cuando lo que amamos no sea vilmente traicionado.
Sólo cuando la vil traición sea lo que rechazamos.
Sólo cuando el rechazo de lo que no conviene a todos, sea la norma de nuestra vida.
Sólo cuando nuestra vida siga la ruta del compromiso adquirido.
Sólo cuando el desarrollo no se entienda como la riqueza de unos pocos.
Sólo cuando de la mesa del banquete de los ricos, no caigan las migajas que mal nutren a los desposeídos.
Sólo cuando uno por uno sea uno y dos por dos seamos miles.
Sólo cuando al opulento se le admire por la capacidad de compartir con otros.
Sólo cuando la riqueza no se ponga en la balanza de lo que posees, si no de lo que disfrutas.
Sólo cuando la riqueza nuestra sea con otros compartida.
Sólo cuando los sueños no alcanzados, no sean la frustración de nuestra vida.
Sólo cuando la multiplicación de unos pocos, no sea el fruto de las carencias de las multitudes.
Sólo cuando detrás de cada fortuna material no haya un asesinato cometido.
Sólo cuando la economía tenga rostro humano y no sea el leviatán que nos devora.
Sólo cuando a los bancos no les preocupen sólo las cifras de sus balances.
Sólo cuando a los banqueros les importe la sociedad por lo que es y no por sus saldos en rojo.
Sólo cuando las matemáticas se utilicen para multiplicar y no para restar ni dividirnos.
Sólo cuando la justicia vuelva a lucir su venda, sin importar a quién va su veredicto.
Sólo cuando a los jueces no les importe a qué lado se incline el fiel de la balanza.
Sólo cuando a la justicia no se le coloque precio, ni sea condicionada.
Sólo cuando el imperio de la justicia no se determine por el menor número de muertos.
Sólo cuando el juez se comprometa en general con todos y en particular con ninguno.
Sólo cuando juzgar sea una práctica de los sabios y no de los necios y verdugos.

Sólo cuando a la justicia importe el esclarecimiento de responsabilidades y no la chequera de los defendidos o de los acusados.
Sólo cuando la justicia sea para los de ruana pero también para los de toga.
Sólo cuando nos acostumbremos a vivir de nuestro salario y de lo que honestamente trabajamos.
Sólo cuando la educación promocione profesionales y personas, y no irreverentes letrados.
Sólo cuando las personas no sean sólo recursos humanos.
Sólo cuando los viejos sean jubilados y no fuerza de trabajo desechada.
Sólo cuando la salud sea la enfermedad de los humanos.
Sólo cuando a educarse tenga derecho todo habitante de la tierra que habitamos.
Sólo cuando la lectura sea un placer y no un acto obligado.
Sólo cuando se torne más importante invertir en educación, que en el control de
nacimientos.
Sólo cuando sea importante estudiar y no sólo leer sin meditaciones.
Sólo cuando la aventura de nuestra existencia no sea la invitada del dolor y de la muerte.
Sólo cuando sea una manía diaria, vivir, trabajar y desear juntos.
Sólo cuando nuestro presente y futuro individuales, sean propósitos colectivos.
Sólo cuando nuestra certeza sea la paz que anhelamos.
Sólo cuando la paz sea un manto que nos arrope a todos y no una simple paloma.
Sólo cuando los hombres cultiven la tierra, la bondad y el intelecto, y no la venganza ni la estratagema.
Sólo cuando a nuestros campesinos los despierte el cantar de los pajaritos y no el
estropicio de fusiles y bombas que aniquilan.
Sólo cuando a las minorías se les permita expresarse sin dictaduras.
Sólo cuando el paraíso celestial lo bajemos a la tierra.
Sólo cuando todo esto y mucho más se junte,
podremos estar seguros de haber dicho: ADIÓS A LA GUERRA.

 

Luis Humberto Cardona Artunduaga.
Docente Universidad San Buenaventura – Cali.


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