LAS LECCIONES QUE NOS HA DEJADO LA INMIGRACIÓN VENEZOLANA

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las lecciones
Varias iniciativas se desarrollaron en la ciudad de Cali por cuenta de la Semana del Migrante (del 17 al 23 de septiembre), entre ellas podemos mencionar actividades académicas, encuentros ciudadanos contra la xenofobia, expresiones de solidaridad y caridad, reuniones entre sectores de la sociedad civil y representantes de la institucionalidad. En fin, encuentros de ciudad muy valiosos de cara a sensibilizar, reflexionar y organizar la acogida o posibilitar garantías para un tránsito digno y seguro por la ciudad a los hermanos y hermanas que vienen de Venezuela.

Hay que recordar que los anteriores gestos fueron antecedidos por un hecho de conocimiento público a finales del mes de julio, en el que un asentamiento de aproximadamente 400 migrantes en una zona verde fue desalojado voluntariamente luego de que se concertaran ayudas para el transporte hacia la frontera con el Ecuador y la apertura de un albergue provisional (por 15 días) que posibilitó la Arquidiócesis de Cali a través de su Pastoral de Migrantes.

Tanto el desalojo, el albergue provisional como la angustiosa crisis humanitaria dejó entrever que no estamos preparados para atender a un fenómeno migratorio como el que enfrentamos actualmente y una evidencia puntual de ello es que la ciudad no cuenta con un albergue en el que se pueda dar resguardo temporal a las personas que llegan por cuenta del conflicto armado, por desastres naturales o por causas asociadas a la migración, pese a que hemos sido históricamente receptores de desplazamientos.

Ahora bien, en medio esta realidad se ven amplias expresiones de solidaridad: periodistas sensibles incentivan campañas, familias caleñas de las periferias dan la mano y acogen a los recién llegados, ciudadanos por cuenta propia comparten comida y ropa, comunidades religiosas tocan corazones y organizan la caridad, se brindan acompañamientos para conseguir trabajo o arrendar piezas, entre muchos otros gestos que en principio parecen pocos, pero que son muy importantes y significativos a la hora de brindar alivio a la persona o la familia que en difíciles condiciones atraviesa el país.

De otro lado, hemos visto como la institucionalidad se tarda, le preocupa excesivamente la percepción ciudadana y es limitada al liderar y organizar políticas eficaces que minimicen el riesgo. De allí que en ocasiones busque disculpa en la ausencia de una política nacional y regional que les permita destinar recursos y acciones en favor de esta población, argumento que si bien anuncia una nueva deficiencia, no exime la responsabilidad social y humana que se debe ejercer con celeridad ante un inminente riesgo (Léase en el Documento Conpes 3603 el “Principio de focalización: La atención a los colombianos en el exterior y los extranjeros en Colombia tendrá como principio general de intervención, la asistencia prioritaria a aquellos que se encuentren en situación de vulnerabilidad por efecto de su condición o situación en los países de destino”).

Situación de vulnerabilidad y riesgo que aparece nuevamente y tres meses después del desalojo voluntario el 31 de julio, en un nuevo asentamiento, esta vez frente a la Unidad Residencial Sultana del Norte, en inmediaciones al Terminal de Transporte y en el que, hay que decir, vuelve a preocupar que estas familias de hermanos y hermanas venezolanos, en compañía de sus niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y personas en condiciones de discapacidad, estén expuestas a las economías ilegales, las dinámicas delincuenciales, la explotación sexual y laboral, las enfermedades y los avivatos que se lucran de los menos favorecidos.

Lo anterior para decir que esta realidad sigue siendo un asunto de atención prioritaria, a la que urge:

 

  • · El Documento Conpes que el canciller Carlos Holmes Trujillo y Felipe Muñoz, gerente de las fronteras colombovenezolana, han prometido entregar para que se deriven acciones que atiendan la llegada de los migrantes, de manera que local y regionalmente se tomen medidas para la atención de esta población.

    ·   El impulso a una mesa que coordine y oriente la atención humanitaria eficaz y canalice las voluntades espontaneas de las ciudadanías.

    ·  Un centro de atención y orientación a los migrantes que active redes interinstitucionales, sectoriales y comunitarias para la acogida, al tiempo que brinde asistencia humanitaria, acompañamiento espiritual para la reconstrucción del proyecto de vida, asesoría legal y jurídica, capacitación para el empleo y el emprendimiento.

    ·  Una ruta de atención clara que aglutine e informe acerca de los servicios que las organizaciones internacionales, la Administración local, las iglesias, las universidades y la sociedad civil están destinando para la población migrante.

    ·  Campañas educativas contra la xenofobia y por una cultura de la acogida que impacte los diferentes sectores de la sociedad caleña y vallecaucana.

    · Estrategias de acompañamiento que generen vínculos y procesos organizativos entre venezolanos que llevan varios años radicados en la ciudad -algunos de ellos empresarios y profesionales- y los recién llegados.

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