LAS MUJERES Y LA DEFENSA DE LA VIDA Y EL TERRITORIO EN LA PASADA MINGA

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Las vimos llegar a la Panamericana, algunas con sus hijos a la espalda, dejando por algunos días sus hogares, pero con  la fe y la convicción de que vale la pena luchar por la defensa de la vida y el territorio. Y es que las mujeres juegan un papel de vital importancia en los procesos de resistencia en Colombia y en el mundo entero, a pesar de un modelo patriarcal que las relega al ámbito de la vida privada y a jugar un rol meramente doméstico. Gracias a sus luchas, las mujeres han ido ubicándose en el lugar que les corresponde: el de la toma de decisiones y el de la participación en los procesos de resistencia, aun a riesgo de su propia vida e integridad personal.

Acudiendo un poco a la analogía a través de la Cantata de Santa María de Iquique, (que recoge la lucha de los obreros del salitre en Chile a principios del siglo XX), dice: “Vamos mujer, partamos a la Pana, todo será distinto, no hay que dudar, no hay que dudar, confía, ya vas a ver, porque en la Pana  todos van a entender. Toma mujer mi manta, te abrigará. Ponte al niñito en tu espalda, no llorará, no llorará (…)”  Así, con el amor y el sufrimiento, las mujeres indígenas fueron saliendo de sus casas para jugar un papel fundamental en la Minga Por La Defensa De La Vida, El Territorio, La Justicia, La Democracia Y La Paz que inició el 10 de marzo en el departamento del Cauca y duró veintisiete días sin que el señor Duque llegara hasta el lugar donde miles de personas lo esperaban para plantearle todas la peticiones, que entre otras, se encuentran en “mil quinientos acuerdos incumplidos  por parte del Estado (…)”.  

Quince mil indígenas fueron llegando desde el domingo 10 de marzo  para armar los cambuches, las carpas y todo los temas de cocina, salud, etc.; eran tantos y tantas, que ya no había lugar para armar los camping. Pero bueno, ahí dispusieron de la creatividad indígena y cada quien armó su casita. “Todos creíamos que solo íbamos a estar una semana”, pero la situación no fue así, ya que el martes siguiente fue crucial, porque ese día llegó la ministra del interior, la señora Gutiérrez y pensaban que traía buenas noticias, pero su actitud frente a los mingueros y mingueras fue negativa, por lo tanto la Minga solo tenía una pregunta y era: “¿viene el presidente? ¿Sí o no? Después de 3 horas de espera, la respuesta fue que “el presidente estaba viajando en avión y por eso no se comunicaban rápido”. Finalmente dijeron que “por la agenda del presidente era imposible hacer presencia en la Minga”, razón por la cual, la Minga gritó: “¡todos a la vía!”, y fue ahí donde todo empezó. En menos de una hora la carretera panamericana ya estaba bloqueada.

Las mujeres, paridoras de vida y sabiduría

Omaira, mujer nasa, luchadora, docente de primaria, dice: “al ver que no había posibilidad de diálogo, cada autoridad organizó con su gente la salida a la Panamericana, y elaborando un listado de  treinta hombres y treinta mujeres nos turnábamos unos hasta las 12 de la noche y otros hasta el amanecer. Éramos 110 autoridades indígenas (…), de esta manera se fue dando la Minga, contando con la disponibilidad de la guardia indígena, jóvenes, niños, adultos, mujeres, etc.”

El papel de la mujer en la Minga fue de total importancia, ya que muchas de ellas estaban en diferentes comisiones como dinamizadoras, guardias, sobanderas (las que se encargan de arreglar las fracturas en los huesos), médicas o sabias (son las sabedoras, quienes interactúan con la naturaleza y por medio de ella pueden sentir lo que va a suceder), cocineras, pulseadoras (son las que se encargan de las personas cuando sufren miedos), parteras (que atienden partos), cabildantes (se encargan de ir casa a casa llevando las invitaciones o informando), consejeras (encargadas de guiar a la comunidad). 

Continúa Omaira: “todas las mujeres presentes en la Minga nos apropiamos de la resistencia ya que desde siempre hemos sido luchadoras frente a cualquier circunstancia que nos impone el Estado y, esta vez,  nuevamente, cada mujer demostró lo resistente que es aun cuando pasábamos tantas necesidades, porque vivir en casitas de plásticos, camping o cambuches, o dormir junto al fogón no es fácil. Pero bueno, a pesar de todas las situaciones duras no desistimos, con el único fin de estar ahí siempre en la resistencia”.

“Las mujeres todos los días nos organizábamos para la cocina y a veces nos correspondía madrugar y lo hacíamos con gusto. A las 6 a.m. todos estábamos ya desayunando y seguidamente la mayoría de la Minga se desplazaba para la vía, y se quedaban solo las encargadas de la cocina, las cuales cocinaban para todos. En muchos momentos no había leña o, por las fuertes lluvias, el agua entraba al fogón; no había suficiente comida para todos, así que en algunos momentos pasábamos hambre o algunos se quedaban sin comer”.

“Muchas mujeres estaban con hijos pequeños enseñándoles desde ya la gran resistencia, obviamente también pasando mil necesidades. Pero a pesar de todo, nadie se dio por vencido. Así que la Minga continuaba entre mil amenazas que vivíamos todos los indígenas, y frente a aquellas solo preparábamos limones, Vaporub, agua y unas toallas pequeñas por si en algún momento nos atacaban. Mi mayor temor eran los bebés, ya que en la zona donde yo estaba presente habían niños de 6 meses en adelante.”

Las mujeres indígenas continuarán en resistencia, pues su conexión con la madre naturaleza, con su cultura, con la vida, el territorio, la paz y la justicia son elementos fundantes de su ser, lo cual las impulsa cada día más a defender su derecho a existir.

Silvia María Salazar Giraldo
Fundación Intercultural Barule

 

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