LOS OBISPOS DE QUIBDÓ, TIBÚ Y CALI HABLAN SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE PAZ EN COLOMBIA

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LOS OBISPOS

 

Durante el encuentro Iglesia y la construcción de la paz hoy en Colombia, tres obispos (Omar, Juan Carlos y Darío de Jesús) plantearon sus percepciones sobre el trabajo que la Iglesia ha venido realizando en materia de paz, poniendo sobre la mesa las acciones significativas, pero también las tentaciones a las que se ve expuesta esta cuando en medio de tantas convulsiones, sociales y políticas, se termina cediendo a unas posturas o a otras.

De ahí que este espacio fuera un escenario para el examen sincero y comprometido, ejercicio necesario para continuar en la defensa de la vida, de los derechos de las poblaciones y de sus territorios, y para asumir hoy más que nunca el llamado a despertar conciencias críticas en ciudadanas y ciudadanos muchas veces manipulados por intereses particulares.  

Para estos tres pastores es claro que la Iglesia es ante todo comunidad de hombres y mujeres que desde la fe buscan iluminar la realidad a la luz del Evangelio de la Paz. Esto hace de ella la portadora de un liderazgo espiritual, en la que uno de sus fines primordiales, en el devenir de una historia confusa y lastimada como la colombiana, consiste en acompañar e infundir esperanza.

A propósito de ello, Monseñor Omar Alberto Sánchez, Obispo de Tibú, quien en las tierras de Norte de Santander ha conocido de cerca la tragedia de la guerra, expresó:

 

Entendimos que nuestro pueblo se ha mantenido por años resignado a la presencia de la guerra, a su dinámica, al transitar de los actores ilegales, a no ser libres, impidiéndonos visualizar un futuro distinto del que tenemos y, por tanto, resignado a sobrevivir en medio de esta realidad. Es por ello que queremos poner en el corazón de nuestro pueblo una voz de esperanza, para que este crea que existe un futuro, y que la paz, en la que nos debatimos, está en construcción.

 

 Para llevar a cabo esta importante tarea se hace necesario tomar conciencia de las luces y sombras que se han presentado en este caminar. Sobre esto, Monseñor Juan Carlos Barreto, Obispo de Quibdó, hizo memoria de la labor que en materia humana y social se ha realizado desde la Iglesia: 

 

(…) el acompañamiento en el nacimiento de las cooperativas y de los sindicatos en Colombia, la promoción de las juntas de acción comunal, de las organizaciones sociales y las étnico-territoriales en muchos contextos, además de las experiencias en educación, arte, deporte y cultura que han nacido de la mano de la Iglesia Católica.

 

Reconociendo también la propia debilidad al tomar partido, al ideologizarse y estigmatizar a quien piensa distinto, se debe aceptar con humildad, prosigue monseñor Barreto,

(…) que a ese nivel hemos llegado también nosotros al interior de la Iglesia, al punto de que si alguien enfatiza en justicia social, se le cataloga de izquierda o de comunista, precisamente porque se desconoce que esto hace parte esencial de la Doctrina Social de la Iglesia.

 

De ahí que el examen apunte a evitar esa actitud de sentirse por encima de las realidades de la sociedad como si sus problemas no fueran los propios. Según el Arzobispo de Cali, Monseñor Darío de Jesús Monsalve:

La Iglesia no puede sentirse una sociedad perfecta dentro de otra imperfecta; no pueden sentirse una sociedad dentro de otra, no; antes bien, es un germen, una levadura, una luz, un puño de sal en medio de la masa. Por eso tiene que sentirse unida a cada territorio, población y etnia.

 

Esta manera de comprender la Iglesia, en común unión con la sociedad, abre la posibilidad de establecer el importante desafío de reforzar la labor de paz en las comunidades. Continúa Monseñor Monsalve:

Por fortuna, la Iglesia ha hecho presencia evangelizadora en muchos territorios, sin embargo, tal vez no ha suscitado evangelizadores suficientes, sobre todo en la construcción de ciudadanía, en la formación política para que esa ciudadanía sepa también formar sus partidos y no simplemente engrosar la bipolaridad y el clientelismo que le ofrece Colombia. La iglesia no puede desentenderse de la relación ciudadanía-Estado, de lo político, porque ella tiene que ser allí un factor de coexistencia civil pacífica que dé el paso a una convivencia reconciliada. En este sentido, la Iglesia ha de entenderse como lugar, signo y fuente de paz.

 

Una “mirada hacia dentro de la Iglesia” fue lo que propusieron los tres obispos para indagar si los compromisos y lenguajes de esta han respondido a la necesidad de la construcción de paz en Colombia, para reconocer que no siempre se ha estado del lado de las víctimas, y para cuestionar el silencio ante las violencias padecidas tanto en campos y ciudades.

Esta mirada ha de ayudar a recargar los compromisos en el acompañamiento para la implementación de los acuerdos, para la defensa de la vida y el cuidado de la casa común. Los esfuerzos que se asuman han de constituirse en germen de esperanza que, en medio de la labor humanitaria y pedagógica, movilice a la ciudadanía para que esta comprenda su centralidad en el ejercicio paulatino que supone el anhelo humano y colombiano de paz. 

 



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