NUEVO PACTO: ¡PAREN YA!

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 REGIÓN 129

  

El Surpacífico Colombiano presenta una grave situación de derechos humanos que debiera generar la fuerza necesaria para realizar un pacto incluyente y general en favor del cuidado de la vida. La crisis humanitaria se evidencia, fundamentalmente, en el asesinato selectivo de líderes sociales. En lo que va corrido del año, han muerto a manos de diferentes fuerzas 24 dirigentes, 3 mujeres y 21 hombres. Quizás uno de los aspectos que causa mayor preocupación es que no se reportan ni siquiera autores presuntos de estos hechos, lo cual puede implicar que las investigaciones judiciales no alcancen logros importantes y que, por ende, los casos terminen en el olvido y aumente la impunidad.

Frente a esta situación, una pregunta importante gira en torno a las acciones ciudadanas, cuando hay una conflictividad violenta. ¿Cuál debe ser el lugar de la ciudadanía? Al respecto, sería válido traer a colación el planteamiento realizado recientemente por la Corte Suprema de Justicia, al proferir la sentencia contra el jefe paramilitar Salvatore Mancuso.  Al analizar el caso, nos recuerda que todos hemos sido responsables de diferentes maneras, pues “jamás aplicamos eso que a veces resulta más efectivo que la sanción penal: El control social, dado que antes que rechazar al agresor o a quien lo auxiliaba, permitimos que hicieran vida social, sin reprocharles, sin excluirlos, sin señalarlos”.

La reflexión de la mencionada entidad, va más allá; nos recuerda que “La delincuencia no hubiese logrado sus metas, de no haber contado con el silencio cobarde o pagado, la ayuda obligada, comprada o producto de la simpatía, de integrantes del conglomerado social, como algunos policías, algunos militares, algunos servidores públicos de los niveles local, municipal, departamental o nacional, algunos jueces, algunos legisladores, algunos comerciantes, algunos ganaderos, en fin, algunos ciudadanos”.

Esta inquietud traída a la región, implica que todos y todas debemos asumir cotidianamente acciones que nos permitan conjurar la violencia. Al respecto, se necesitaría volver a realizar un pacto en favor de la vida, obligación moral básica para la existencia de los conglomerados humanos, pues quizás, no matar sea el mandamiento fundante de la convivencia armónica.

Volver a realizar un acuerdo en favor del cuidado de la vida implicaría muchos asuntos; podrían ser relevantes los siguientes:

1.    Es necesario trabajar en pro de la memoria. Es imperioso recordar los nombres de los líderes que han perdido la vida a causa de las acciones comunitarias que emprendían. Por ese motivo, nombres como Johan Alexis, Senelia, Marisela, Willar Alexander, Adrián, Víctor Andrés, Samuel, Jesús, Manuel Dolores, José Albino, Orlando, Willington, Gersaín, Marco Aurelio, Camilo Roberto, Luciano, Diego Alfredo, Joel, Nereo, Cecilia, Yimer, Ariel, José Antonio y John Jairo, para sólo mencionar las personas asesinadas en el presente año, no pueden simplemente quedar en el olvido; su recuerdo implica reconocer sus sueños y abrirles espacio. Además, su remembranza nos señala que debemos trabajar para que éstos hechos cesen, para quitarle espacio a la muerte.

2.    Es necesario cuidar del otro. Una de las tareas fundamentales es romper con ese círculo en el cual cada uno debe de ocuparse de su propia existencia, sin pensar en el otro, rompiendo los vínculos y el tejido humano. Esa ruptura nos lleva a no valorar al otro, a creer que la existencia personal y colectiva puede desarrollarse sin contar con la presencia solidaria y afectiva de quienes nos rodean. Minimizar este espacio de vinculación inicia por desvalorar la importancia del familiar, del amigo, del compañero de oficio y del vecino, y termina por sembrar una fuerte indiferencia frente a lo que sucede en la cuadra, el barrio, la ciudad, la región y el país.

3.    Es importante rescatar la justicia. Rescatar la justicia no implica solamente trabajar en el ámbito institucional, lo cual es prioritario; va más allá; es necesario rescatar, en la cotidianidad, el valor de lo justo como dimensión moral de la existencia que guía las acciones diarias. Es pues, la posibilidad de ejercer la sanción moral frente a las prácticas que atentan contra la vida en común.

4.    Es necesario fortalecer acciones públicas: Un ámbito de suprema importancia implica la realización de acciones colectivas en diferentes campos (artístico, político, social, legal, etc.) que recuerden que debemos brindar las condiciones necesarias para que la vida se respete.

Por supuesto, todas y todos tendremos propuestas para volver a pactar la vida en el Surpacífico; se trataría entonces de acordarlas y sobre todo de preguntarnos inicialmente: ¿Pactamos nuevamente en favor de la vida?



Fuentes Consultadas

Revista Semana. 3 de noviembre del 2016. "Todos somos culpables del paramilitarismo": Corte Suprema. Tomado de: http://www.semana.com/nacion/articulo/sentencia-salvatore-mancuso-habla-de-responsabilidad-de-todos-los-colombianos/504181  Consultado el 17 de noviembre de 2016.

 

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