TRABAJEMOS POR LA DIGNIDAD Y EL BIEN COMÚN

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“Hoy tener empleo no es un derecho, es suerte”, era el mensaje de una de las muchas pancartas durante la movilización de los trabajadores de este primero de mayo por las calles de la ciudad de Cali; un mensaje que además de expresar la contradicción del tiempo presente, denotaba la incertidumbre y la angustia de muchas personas que hoy en día no cuentan con una fuente de ingresos estable o que se ven obligados por diversas circunstancias a aceptar términos de contratación injusta, en la que se les exige mucho pero se les remunera poco.  

A este respecto, no podemos negar que en términos laborales se haya avanzado en la protección de los derechos de los trabajadores, pero tampoco podemos pasar por alto que en muchas ocasiones las personas prefieren guardar silencio ante los excesos que se comenten dentro de los ambientes laborales, silencio que se da por el temor a de pronto estar “pateando la lonchera. Pareciera entonces que se hubiera firmado de forma tácita la cláusula donde se acuerda que a usted se le puede exigir mucho más de lo que dice su contrato sin derecho alguno de réplica. Con lo anterior no solo se somete al trabajador a unas exigencias fuera de todo orden legal, sino que también se pasa por alto la responsabilidad que el empleador tiene para con el bienestar de su equipo de trabajo.  

Es irónico, por ejemplo, que en los actuales modelos de contratación a los trabajadores se les exija ser competentes y con gran sentido de la responsabilidad, cuando hay empresas que no asumen con ese mismo sentido las estabilidades básicas de los que allí laboran. Cabe anotar que no por estar legalmente acordadas estas nuevas formas de contratación, se esté obrando bajo la debida justicia. Sobre esta realidad hay todavía una retórica confusa que legitimiza la inequidad y plantea una seria inestabilidad en lo relativo a la seguridad de la persona y de su familia. No olvidemos que detrás de cada trabajador hay una familia, por la cual también se debería velar desde los ambientes laborales.  

En este orden de ideas, el mensaje aquel de que “hoy tener empleo más que un derecho es suerte”, no solo se entiende como la lamentable situación de no tener un trabajo estable (actualmente en Cali la tasa de desempleo equivale al 11 % según cifras del DANE), sino también de no tener trabajo bajo formas de contratación donde se exija lo legalmente acordado y ello remunerado en la misma proporción. A esto se refiere el papa Francisco cuando hace un fuerte llamado para hablar en torno a un nuevo “humanismo del trabajo”, en el que la vida laboral de las empresas se encuentre orientada al servicio de la dignidad de las personas y en el que el ser humano y no la ganancia esté en el centro de la vida laboral.

A lo anterior se debe sumar la importancia de reconocer que como trabajadores estamos llamados a ofrecer lo mejor de nosotros mismos, evitando caer en esa búsqueda contemporánea de quererlo todo de manera fácil y por la vía de la mediocridad. Porque si hablamos de derechos, entonces también será necesario hablar de deberes, y esto con el fin de encontrar una armonía entre lo que exigimos y lo que ofrecemos. En otras palabras, nadie puede exigir con justicia cuando no es capaz de dar lo que justamente se le exige. Más aún si entendemos que la vida laboral se constituye como un espacio para compartir nuestros talentos; como un lugar del encuentro cotidiano y de enriquecimiento mutuo y solidario. De ahí que se puede decir que la calidad de una empresa también esté sujeta a la calidad de las personas que allí conviven y trabajan.   

Para terminar, valga resaltar la protesta pacífica de este primero de mayo. Con eso no solo se evidencia una gran muestra de civismo caleño, sino también la esperanza de que poco a poco le estamos apostando a gestos concretos de paz en una ciudad que requiere mucho de ello. No hay mejor protesta que aquella que se hace en espíritu de comunión, sobre la base de la justicia y en favor del bien común para la construcción de paz. ¡Buena por esa, caleños! 



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