ELLAS PARAN PARA QUE EL MUNDO SE MUEVA

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ELLAS PARAN PARA QUE EL MUNDO SE MUEVA

El pasado 8 de marzo millones de mujeres se movieron por todo el mundo en contra de los feminicidios, la desigualdad salarial, la violencia de género. La jornada, en la que participaron al menos 150 países, se llamó Paro Internacional de Mujeres y se realizó bajo la consigna “Si las mujeres paran, se para el mundo”.

No había terminado la tarde y en la estación Unidad Deportiva del MIO en Cali algunas mujeres con una rosa en la mano regresaban solitarias a sus casas, después de cumplir con la jornada laboral. Esa imágen contrastaba con la de más de mil mujeres que se encontraron para unir pasos en la Marcha de Fuegos y Antorchas, actividad con la que conmemoraron el histórico Día Internacional de la Mujer Trabajadora que encontró su origen en 1911 con un hecho violento que acabó con la vida de 123 mujeres que laboraban en la fábrica de camisas Shirtwaist de Nueva York.

En vez de flores, sus manos empuñaron antorchas en las que llevaron el fuego como símbolo de la luz que marca el camino de sus luchas, esas que no se apagan aunque soplen malos vientos. Caminaron, cantaron y juntas gritaron acompañadas por tambores: "No queremos machos que nos asesinen en la casa, en la calle, en el territorio", así lo dijeron esas voces que no se silencian en una ciudad que tiene ocho mujeres menos en lo que va corrido del 2018, según la Fiscalía.

Pero antes de volcarse a las calles, la “marea feminista” pintó sus labios de color violeta, ese que queda como huella de la violencia que golpea sus cuerpos. Por eso marchan, gritan y luchan, porque se niegan a vivir en un mundo que gira sobre el eje de sus violencias y coloca en la mira los cuerpos de las mujeres.

La marea se movió por la calle, dejando con cada paso una huella de dignidad estampada sobre el asfalto. A su paso, en la intersección de dos vías, sobre un semáforo, una jauría de motos aguardaba desesperada por seguir su rumbo; pitaban y aceleraban a fondo, haciendo rugir sus motores, intentando incluso abrirse paso a como fuera posible para sobrepasar la marea que, con mayor firmeza, alzaba la voz para romper esa indiferencia de la sociedad que con su silencio también les hace daño.

Ahí estaban ellas paradas frente a uno de sus mayores miedos: la apatía de una ciudad que parece no conmoverse, ni se da por enterada que durante el 2016 se apagó de manera violenta la luz de 94 mujeres, según el informe Forensis de Medicina Legal.

Con el fuego iluminando sus pasos y sus voces haciendo eco sobre esa loma llamada Siloé, los movimientos y colectivos de mujeres se unieron, pararon y le hablaron a esa ciudad que no las escucha o que a veces prefiere mirar para otro lado cuando se hacen visibles las diversas formas de violencia contra la mujer.

Terminó el 8 de marzo, el mes de la mujer, la marcha conmemorativa del día, lo que no finaliza es la lucha por la vida, no solo de ellas, sino la de toda la humanidad que en algún rincón sufre la violación de sus derechos.

Observatorio de Realidades Sociales 

Esta ciudad se encuentra enfrentada de manera directa, como la mayoría de poblaciones en Colombia, a las políticas arrasadoras del Estado que, con su concepción de un modelo desarrollista ya fracasado, solo vela por la defensa de los intereses del gran capital.

Desde el año pasado, un sector de la comunidad caleña lleva a cabo un proceso de resistencia para preservar el humedal El Cortijo (ubicado en la vía Cali - Jamundí), con lo cual se aspira a detener las obras de construcción de la terminal del sistema de transporte masivo (MIO) y la pavimentación de 63.300 M2l

Lamentablemente, la destrucción ha comenzado en el cinturón ecológico del río Lili, que es como un hotel de verano para las aves migratorias, además de un laboratorio ecológico para los niños de la ciudad. Y es que Cali se reconoce a nivel mundial, no solo por ser la capital de la salsa, sino por ser la ciudad de las aves. Por eso muchos biólogos y ambientalistas se declaran alarmados por la amenaza de pavimentar un humedal como el Cortijo, donde existen alrededor de 109 especies de aves residentes, que representan aproximadamente el 13 % de las especies registradas en el Valle del Cauca (818 especies).

Además de la rica variedad en aves, en este mismo ecosistema habitan guatines, armadillos, ardillas, chuchas, murciélagos, mariposas y otros insectos. Se afirma también que es posible encontrar conejos, incluso, con avistamiento de zorro cañero; dos especies de peces, culebras y anfibios. Fuera de lo anterior, “[…] Con las obras de la Terminal Sur del Mío, serán cerca de 300 árboles los que se tendrán que talar para levantar la estructura en 3.4 hectáreas […][1]. Sobre esto se debe tener presente que la comunidad afirma que pueden ser muchos más árboles, toda vez que no se hizo un inventario de los mismos.

Pero no sólo se trata del grave daño al ecosistema, también se debe tener presente el aspecto arqueológico, que tampoco se ha tenido en cuenta para la construcción del terminal de transportes del MIO. Al respecto dice una funcionaria que no revela su nombre: “El ICANH es un instituto que debe velar por la conservación de nuestro patrimonio arqueológico; Metrocali no tuvo en cuenta que esta zona es de alto nivel de importancia arqueológica y con el levantamiento por parte del ICANH dejó desprotegida la zona, ya que incluso estos estudios debieron ser previos a los diseños finales de la obra, es decir, no se puede diseñar hasta no estar totalmente seguros que en la zona no hay restos arqueológicos […]; lo que demuestra la poca importancia que le dan a nuestro patrimonio ancestral”.

En cuanto a la resistencia de la comunidad por impedir la desaparición del humedal, y la respuesta de la en cabeza del alcalde Maurice Armitage, la lideresa Luz Stella Lenis afirma:  “[…] hasta la fecha del 18 de junio de 2017 no se conocía por muchos sobre el humedal, solo unas cuantas personas […] El 20 de julio 2017 en horas de la mañana se instala la carpa por la comunidad; las lágrimas surgen al recordar que este es el día de la independencia de nuestro país […] y donde se gesta el grito de libertad de este Valle sagrado y el bosque seco tropical y el humedal. Una libertad merecida por ser patrimonio histórico ambiental, porque fue en este lugar que habitaron los indígenas Lilies y los Piedras, donde lo españoles los masacraron por defender estas tierras […] Entre las personas que han liderado se encuentran Ricardo Rincón, el corazón de la carpa, incansable guerrero, Rocío Ruiz, presidenta de la JAC Valle del Lili, Román Díaz, su vicepresidente, y así, innumerables y valiosas personas que se han comprometido con el proceso […]”.

Después de múltiples reuniones, marchas, plantones, acciones jurídicas, el 24, 25, 26 y 27 de agosto 2017, a las 4:00 a.m., el ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) fue enviado para agredir y reprimir a la comunidad, utilizando perdigones, gases lacrimógenos y hasta armas de fuego. Durante esos días se llevaron a tres compañeros de manera ilegal, reteniéndolos por varias horas; ante semejante atropello, algunos habitantes se encadenaron a los árboles como símbolo de rechazo al tratamiento represivo por parte de la municipal.

Teniendo en cuenta estos testimonios, y corroborando que los entes de control se colocan al servicio de los intereses del capital, en contravía de los derechos de la naturaleza y de sus gentes, cabe preguntarse: ¿cómo hacer entonces para que una ciudad se desarrolle? ¿En qué consiste el denominado progreso que tanto nos han vendido?

Para tratar de dar respuesta a estos interrogantes, vale la pena mencionar que la idea de “desarrollo” y “progreso” fue ofrecida por los países hegemónicos a comienzos de la segunda postguerra (mediados del siglo XX), y para ello diseñó todo un discurso sobre conceptos como “desarrollo”, “subdesarrollo”, “Tercer Mundo”, etc. Así las cosas, América Latina entró en una suerte de “carrera” por alcanzar los niveles de lo que los poderosos llaman desarrollo. Sobre esto vale la pena retomar la declaración de Naciones Unidas cuando dice: “Hay un sentido en el que el progreso económico acelerado es imposible sin ajustes dolorosos. Las filosofías ancestrales deben ser erradicadas; las viejas instituciones sociales tienen que desintegrarse; los lazos de casta, credo y raza deben romperse; y grandes masas de personas incapaces de seguir el ritmo del progreso deberán ver frustradas sus expectativas de una vida cómoda. Muy pocas comunidades están dispuestas a pagar el precio del progreso económico” (1951, 15).

Quizá esta declaración nos permite comprender un poco qué es lo que está pasando no solo en Cali, sino en todo nuestro país, donde precisamente con las ideas de “progreso” y “desarrollo” se está exterminando la biodiversidad y la cultura de nuestros pueblos, anteponiendo el apetito voraz del capital.

Por ahora, la lucha de la comunidad continúa y seguirá creciendo.

 

Silvia María Salazar Giraldo

Observadora ciudadana

 

Para tener más información sobre la ubicación del humedal, puede consultar la siguiente página: https://www.youtube.com/watch?v=eJ9sDXGg8kI.

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El Observatorio de Realidades Sociales es un servicio y un espacio de la Arquidiócesis de Cali para monitorear, interpretar, difundir e incidir en el conocimiento de las realidades sociales de la ciudad-región, con la perspectiva de acompañar a la ciudadanía en la construcción de alternativas de vida.

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