UN ENCUENTRO INIMAGINABLE

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NACIONAL-145

 

El 19 de julio se llevó a cabo en Bogotá un encuentro entre los jefes de la guerrilla de las FARC y los de los paramilitares, enemigos a muerte. El sitio fue la casa provincial de los jesuitas (como muchas veces en la historia, fueron de nuevo artífices de un gran acontecimiento). A través de los pasos que se han dado para la paz, desde las conversaciones de La Habana hasta la suscripción de los acuerdos, y de ahí en adelante el desarrollo del postconflicto, el acto de la casa provincial constituye una prueba de que la paz es verdadera.

 

Una reunión entre enemigos que parecían irreconciliables es justamente eso: que a pesar de los dolores de la guerra, de las víctimas causadas por ambos bandos, hay lugar para la reconciliación. Naturalmente que eso no implica impunidad y sí resarcimiento a las víctimas. La JEP, al menos, es un intento para eso.

 

Por todos los medios se ha dicho que no habrá país posible sin el elemento de la reconciliación. Ello implica respeto por las ideas ajenas y no unanimidad; y ello, a su vez, significa un paso adelante en la democracia operante.  

 

Debo confesar que hasta hace poco tenía el sentimiento de que uno de los bandos no tenía cabida en mi corazón, entonces recordé a Ignacio de Loyola como gran guerrero y me dije que con razón el sitio escogido fue la casa de sus discípulos. A esto hay que sumar que también el papa Francisco, jesuita, viene ante todo a afianzar la paz.

 

La guerra en Colombia ha sido cruel y larga, pero hubo guerras aún más crueles y muchísimo más largas que lograron la paz y la reconciliación: la de Irlanda duró cientos de años; la de Sudáfrica fue crudelísima y larga. Allí el primer presidente, Mándela, fue a prisión después de convenida la paz, donde estuvo encerrado 28 años por sus enemigos. Aun así pudo sellar la unidad nacional con un acontecimiento tan sencillo como lo fue un partido de rugby. Por lo mismo se puede decir que la sencillez es signo de grandeza.

 

Si logramos la reconciliación habremos depuesto el odio y aflorado la verdad; con la verdad vendrá la reparación, parte substancial de la justicia.

 

Carlos Álvarez León
Observador Ciudadano

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