LA PANDÉMICA VIOLENCIA DE NUESTRA SOCIEDAD

 Inicio / Semanarios / Realidades y Presencias # 150 / LA PANDÉMICA VIOLENCIA DE NUESTRA SOCIEDAD

Fecha Semanario

Ejes Temáticos

 

LOCAL1-150-min

El debate público en torno a las acciones de justicia por mano propia vuelve a despertarse con la reciente muerte de un joven de 26 años de edad apuñaleado el anterior fin de semana, al parecer por intentar robar en el barrio Alameda. En casos como este se resaltan generalmente dos posturas, a saber, una que manifiesta cierto placer y conformidad con la muerte del presunto ladrón y otra que se muestra con preocupación por que este tipo de hechos, antes que resolver el problema de la inseguridad en nuestra ciudad, promueve una mayor violencia descontrolada y, peor aún, justificada en la propia defensa.

Cabe decir que hechos como el mencionado son aceptados por un amplio sector de la ciudadanía, porque ven en ello la manera de responder a la inseguridad de una forma más efectiva, ante las deficiencias de las autoridades locales y ante la desconfianza que se inspira. Sin embargo, esta actitud de muchos ciudadanos motiva a pensar que la pregunta sobre la violencia, que por décadas la hemos dirigido a unos grupos revolucionarios alzados en armas, debe ser ahora orientada al corazón de nuestra ciudad, para poner de manifiesto una enfermiza actitud que se incuba y gesta desde nuestras formas cotidianas de convivencia, una convivencia vulnerada por ideas de justicia propia en tanto alternativa que presupone el resarcimiento del daño causado por otros.

Pero, ¿cómo llegar a la comprensión de que la justicia por mano propia es un acto también criminal y que con ello se está contribuyendo a añadirle más eslabones a la interminable cadena de violencia en nuestra ciudad? Lo primero que como ciudadanos debemos ejercitar es la acción consciente de no llamar justicia a algo que simplemente no lo es. Casos como el del joven de 26 años asesinado en Alameda, culpable o no, son acciones criminales concebidas para vulnerar la vida.

Así las cosas, denominar como “justo” este tipo de hechos conlleva el mensaje implícito y engañoso de que toda acción que vaya en contra de la integridad de otra persona es justificada siempre y cuando responda a “restaurar” el daño o la ofensa causada. Dicha restauración es como asentir soterradamente a la pena de muerte bajo la creencia de que solo así se logrará solucionar el continuo problema enquistado en nuestra sociedad. En otras palabras, “es solucionar la violencia a fuerza de más violencia” ¿Acaso tiene esto sentido?    

Salir de la falsa idea de justicia propia también nos debe llevar a ver la necesidad de transformar esas formas de relacionamiento caracterizadas por la frecuente hostilidad, en formas que refuercen los vínculos y que generen tejidos de convivencia pacífica entre vecinos y vecinas. Este giro humanista se constituye en una verdadera necesidad, dado que por décadas nos han “educado” para creer que los mecanismos de violencia son los más eficaces para la impartición de justicia. Derrocar esa idea supone empezar a creer que las estrategias más eficaces son precisamente las que redundan en la promoción de la persona humana y en la defensa del bien común.

En este orden de ideas, esta apuesta ciudadana debe también constituirse en la base de mecanismos de exigibilidad de leyes que nos lleven a resolver las causas estructurales de la violencia en la ciudad, de tal modo que los sistemas de justicia puedan llegar a ser el vivo reflejo de una sociedad cohesionada y animada por una misma vocación de paz. Naturalmente que son muchas las demandas que tenemos hacia la institucionalidad, sin embargo, la garantía del cumplimiento de dichas demandas es también tarea de la ciudadanía. En este sentido, requerimos de mayor participación, empeño y sentido de pertenencia para exigirle a las instituciones públicas la reacción oportuna y adecuada en todo aquello que haga más frágil e indigna nuestra sociedad.  

En suma, la violencia incubada en el corazón de Cali requiere la debida atención de ciudadanos e instituciones, de tal forma que evitemos la propagación de esas manifestaciones de la mal llamada justicia propia y, por lo tanto, de esa peligrosa y descontrolada justificación para continuar con la cadena de males en nuestra ciudad y región.


Observatorio de Realidades Sociales

Acerca de nosotros

El Observatorio de Realidades Sociales es un servicio y un espacio de la Arquidiócesis de Cali para monitorear, interpretar, difundir e incidir en el conocimiento de las realidades sociales de la ciudad-región, con la perspectiva de acompañar a la ciudadanía en la construcción de alternativas de vida.

Nuestros Eventos

Contáctenos

 

  • Carrera 4a N°7-17
  • 8890562 Ext: 1010-1013 
  • observatoriorealidadessociales@arquicali.org