LLANO VERDE, TERRITORIO DE PAZ

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 LOCAL 149

 

Con ocasión de la publicación del Cuaderno Ciudadano # 8 del Observatorio de Realidades Sociales, se llevó a cabo un sentido conversatorio, para dialogar sobre la paz en la ciudad. En este espacio más que familiar, se invitaba a pensar en torno a las marcas que ha dejado la guerra y las violencias estructurales que pesan en nuestros barrios, con la mirada puesta en las oportunidades que, aunque difusas muchas veces, se aclaran por el empeño de comunidades que resisten ante la violencia, fomentando una cultura del cambio y la esperanza.

Esto motivó a que la conversa se orientara al relato sentido de cuando los hoy pobladores urbanos fueron campesinos y testigos de cómo sus territorios se poblaron de armas, al punto de verse tan estrechamente cercanos de quienes ostentaban el poder bélico, que en muchas ocasiones llegaban a ser confundidos entre las masas armadas, cuando en realidad eran solo hombres y mujeres temerosos de que sus seres queridos fueran víctimas de las balas que irrumpían para acabar la vida y generar terror, sufrimiento y desolación. 

Ante esta realidad solo quedaba para los habitantes de estos territorios dos opciones: o se matriculaban en la guerra para pelear por una ideología que no les era propia o salían de sus territorios camino a la desconocida ciudad. Sin embargo, ninguna de las dos opciones conllevaba beneficio alguno, pues de las dos, ¿cuál más atestada de incertidumbres y dolores? A pesar de ello, muchos campesinos junto con sus familias emprendieron camino hacia la opción que los alejaría de sus tierras, para llegar a un lugar donde se empezaría a hacer parte de esa sociedad excluida y estigmatizada.

¿Cómo sería ese momento de la llegada de Óscar, de Alma, de Edilma, de Walter, entre otros? ¿Qué sentimiento inundaría ese momento? Seguramente que ellos lo habrán relatado de muchas y variadas maneras, pero si no se ha vivido tan infortunada experiencia, sería una mentira llegar a afirmar la comprensión de lo narrado. En esa noche en que se conversaba a propósito de las violencias y las esperanzas, ya con el cansancio del día sobre los hombros, solo nos quedaba contemplar las palabras, las que ellos enunciaban con fuerza y sentimiento, y solidarizarnos al menos con lo que lográbamos imaginar, en los instantes en que los recovecos del pensamiento no interferían para traernos otras nuevas preocupaciones.

Pero, ¿de dónde aquello que teniéndolo todo en su campo y vereda tenían que verse ahora con la escases y las penurias para conseguir lo poco? Si hasta un plátano cuesta en la ciudad lo que inimaginablemente podría costar estando en el campo; si en el campo lo que más costaba era estirar el brazo para tomar el fruto del árbol. Fue con esto y mediante otras muchas cosas más como se fueron dando cuenta que este nuevo contexto les tenía poco que ofrecer, más cuando fueron testigos en carne propia del rechazo hacia el que habita en la periferia. Sin embargo, en medio de la exclusión, supieron ganarse su espacio, se llenaron de coraje y tomaron de nuevo fuerzas, fuerzas que les impulsó ese corazón campesino, a hacer valer su presencia en la ciudad. Ahora son líderes, ahora ofrecen asilo y dan cátedra a cualquier erudito en materia resiliencia y paz.

La generosidad de sus palabras al contar sus testimonios, el tesón que han mostrado para enfrentar sus vicisitudes, la visión esperanzadora que trasmiten en ellos, tanto en sus palabras como en sus semblantes; todo lo cual los ennoblece, porque se encuentra en ellos las ganas de luchar por que las cosas mejoren, no solo para ellos, sino también para toda la comunidad de Llano Verde, la que ahora representan, por la que ahora hablan, porque la experiencia los ha vuelto más sensibles, porque les duele la guerra, porque sienten con más honda convicción el derecho a la vida. De ahí surge que Llano Verde sea ahora una promesa, un proyecto de vida que se mezcla con el canto para apuntalarse a volar alto y a esperar cosas mejores.



Pero nosotros seguiremos, pa’lante sin parar.

La unión hace la fuerza y esto tiene que cambiar…

 La unión hace la fuerza, y esto tiene que cambiar.

Observatorio de Realidades Sociales 

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