PALABRAS NECESARIAS

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REGIONAL 149 PALABRAS NECESARIAS

La voz de la comunicadora indígena Efigenia Vásquez Astudillo se apagó antes de tiempo. No alcanzó a despedirse de quienes habitualmente la escuchaban a través de la emisora Renacer de Kokonuko en el Cauca; el ruido de las balas silenció sus palabras.

Cuando el lenguaje de la violencia se impone sobre la palabra es un mal síntoma, una señal de que algo no va bien en la sociedad, circunstancia que plantea la necesidad de promover la palabra, símbolo de nuestra especie, para resolver las diferencias desde el debate de las ideas, dejando de lado el uso de la violencia como argumento que se levanta contra la divergencia.

Una sociedad a la que le hace falta comunicarse mejor requiere más que nunca del uso de la palabra como lugar de encuentro desde donde poder generar vínculos con los otros y otras para así lograr procesos de construcción colectiva, de entendimiento, de significación, por eso cuando las palabras pierden fuerza perdemos como seres humanos, perdemos como sociedad y caemos en el abismo de lo incierto.

La ausencia del diálogo nos ha costado como país una guerra cargada de sufrimientos innecesarios. Ahora que Colombia intenta dejar atrás esos dolores no puede pasar por alto el valor del verbo y mucho menos silenciarlo puesto que, como lo mencionó Bernardita Pérez, docente de la Universidad de Antioquia, en una entrevista en el programa Mesa Universitaria por la Paz, “la guerra genera la ausencia de la palabra” y esa ausencia de la palabra es una condena para la esperanza.

En un momento en el que se intenta hacer la transición del conflicto armado a la construcción de la Paz, es urgente hacer uso de la palabra como camino certero para encontrar salidas a los conflictos sociales y prepararse para la reconciliación, esto como paso para escribir en clave de futuro. Prescindir del diálogo es colocar el acento en el idioma hostil que en el último medio siglo nos ha sumido en el conflicto más antiguo de nuestra América.

Acudir a la palabra como mecanismo de solución de los conflictos ha demostrado dar buenos frutos en los últimos años; por un lado, las negociaciones entre las Farc y el Gobierno que finalizaron con un Acuerdo de Paz y por otro, los diálogos entre el Eln y el Gobierno que recientemente permitieron un acuerdo de Cese al Fuego Bilateral y Temporal; dos ejemplos de la importancia de la palabra pero sobre todo el compromiso que hay en la palabra empeñada.

Hay en nuestra realidad muchas conversaciones pendientes. Los desafortunados acontecimientos que recientemente apagaron la luz de nueve campesinos e indígenas en Tumaco (nariño) y en Kokonuko (Cauca), llaman a la reflexión sobre la pérdida del valor de la palabra.

Es inaplazable la utilización de la palabra, de la polifonía de voces que abran el diálogo para tender puentes que eviten la pérdida de vidas sagradas, que den solución a las causas que han alimentado el conflicto y con ello la perpetuación de odios que conducen al permanente retorno de las violencias.

Lo que somos es el reflejo de la capacidad que hemos tenido para narrarnos, es la suma de ausencias, de aquello que nos hace falta y que por lo tanto es la tarea fundamental que nos desafía; encontrar las palabras necesarias que posibiliten crear un mejor país.



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