SEMILLAS Y MERCADOS AGROECOLÓGICOS PARA LA VIDA, LA PAZ Y LA SOBERANÍA

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La defensa de las semillas nativas debe estar en el centro de las discusiones sobre el significado de la soberanía alimentaria, y va de la mano con la defensa del territorio como símbolo de construcción de cultura, de derechos de la naturaleza y de la vida misma; porque sin territorio es imposible construir planes de vida y que las comunidades puedan orientar su legado, memoria y razón de ser, es decir, se pierde ese “cordón umbilical” primordial entre la vida humana y no humana con la tierra, que es la savia que nutre y da oxígeno al sentido de la vida en tanto garantía de supervivencia y construcción simbólica.

Es así como desde las montañas del Centro del Valle del Cauca,  la organización  ASOAGROS (Asociación de Agricultores Orgánicos de San Lorenzo), ubicada en la cordillera central, junto con siete organizaciones campesinas más, ubicadas en Río Frío, Bugalagrande y Tuluá,  viene desarrollando desde el año 2002 un trabajo comunitario con personas retornadas a sus tierras, después de haber sido víctimas del conflicto social y armado; dicha comunidad ha resistido desde los territorios al embate capitalista –reflejado, entre otras, en la imposición de costumbres ajenas a su cultura y a través del ejercicio de la violencia sistémica que busca romper la organización de las comunidades- a través del rescate de formas propias de asociación y organización. Dentro de este marco, se considera que la defensa del territorio es vital para la preservación de la vida humana y no-humana; de lo “visible-invisible”, dice su líder Orlando Buriticá (bella manera de rescatar la espiritualidad de estas comunidades y sacarlas un poco de la homogeneización y racionalidad propia de la modernidad).

En este sentido, “se ha llevado a cabo durante quince años un proceso de educación, formación, sensibilización y lucha por el rescate de las semillas nativas y razas criollas que han perdurado en el tiempo, gracias a los ancestros, y que hoy el modelo neoliberal viene ejecutando con la pretensión de privatizar y patentar por parte de grandes multinacionales como MONSANTO, BAYER, entre otras”. Durante este tiempo, se han desarrollado múltiples actividades de resistencia, movilización y visibilización de las experiencias de resistencia en el territorio, por ejemplo, con la Escuela de Semillas y el Mercado Campesino Agroecológico del Centro del Valle que tiene su apertura al público todos los sábados en el Parque Infantil Julia Escaperta de Tuluá; poco a poco se ha ido  logrando la unidad entre campo y ciudad a través del comercio justo y sin intermediarios de los sagrados productos de la madre tierra, mejorando el fortalecimiento de la unidad familiar por medio de las huertas caseras donde las mujeres e hijos adquieren sentido de pertenencia e independencia económica; pero también, se ha ido profundizando en la conciencia de los habitantes citadinos que cada vez valoran y resignifican más la importancia de consumir productos libres de químicos que afectan la salud humana, fuera de ir superando la malsana costumbre de comprarle a las grandes cadenas de almacenes, que lo que hacen es ofrecer productos fumigados y tóxicos, sin mencionar que por los productos aquí comercializados los campesinos están en desventaja al tener que vender por debajo del valor real y justo sus productos.

Así, la participación de ASOAGROS en este proceso hace parte de las luchas del Coordinador Nacional Agrario CNA, de la Cumbre Agraria, Campesina, étnica y Popular y del Congreso de los Pueblos y a nivel internacional, del movimiento de Los Sin Tierra del Brasil, de Vía Campesina y en general de la lucha que libra América Latina por la defensa de los territorios como símbolo de vida, soberanía y dignidad.

De igual manera, este esfuerzo que se realiza desde el Centro del Valle del Cauca está inmerso en la lucha por el reconocimiento del campesino como sujeto social y político y, por tanto, de los derechos que le asisten, y a que se reconozca la constitución de Territorios Campesinos Agroalimentarios (para profundizar más sobre el tema, consultar en: https://cnagrario.org/2016/05/31/constitucion-de-territorios-campesinos-agroalimentarios/).

El rescate y preservación de las semillas nativas, la defensa del territorio con sus formas propias de organización y planes de vida, así como la lucha porque los Territorios Campesinos Agroecológicos que se van concretando, hacen parte sustancial del panorama que se vive hoy dentro del proceso de lo que han llamado el posacuerdo, y lo que vienen trabajando desde las mesas de paz en el contexto de conversaciones en Quito con la insurgencia del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Estos pequeños pero significativos ejercicios de resistencia al modelo neoliberal, hacen parte del caminar de las comunidades por construir un mundo más justo, que no solamente es posible si no necesario. Sin tierra ni territorio garantizado para las comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas es imposible la paz de la cual se habla todos los días en Colombia; sin una alimentación sana y garantizada (libre de agrotóxicos) simplemente estaremos asistiendo una vez más a un fracaso total de los esfuerzos realizados: no se puede hablar que en Colombia se está construyendo la paz si no se garantiza el derecho a la tierra, al territorio, al alimento sano y a unas condiciones materiales dignas y justas para que las comunidades desarrollen sus potencialidades económicas, sociales, culturales y espirituales. Es decir, sin una reforma agraria integral que solucione de raíz los graves problemas estructurales que padece nuestro país, no podremos hablar de procesos de paz que terminen con las inequidades y grandes brechas entre campo y ciudad.


Silvia María Salazar Giraldo
Fundación Intercultural Barule

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