Iglesia hace suyo el clamor del Pacífico

El pasado 9 de junio, el arzobispo de Cali visitó la comunidad de Buenaventura, con el fin de animar desde este espacio un signo regional de diálogos humanitarios, en respuesta a las necesidades en materia de salud y de paz para los territorios del Pacífico. 

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Por: Luis Fernando Henao Vásquez
Observatorio de Realidades Sociales

Publicado el 18 de Junio de 2020

El pasado martes 9 de junio, el arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve, visitó la comunidad de Buenaventura, con el fin de ofrecer una voz de aliento a los habitantes de esta tierra y para «hacer propio en la región el clamor del pueblo» bonaverense en medio de las dificultades presentes. Este gesto fue recibo por monseñor Rubén Darío Jaramillo, obispo de la ciudad, y por el señor alcalde Víctor Hugo Vidal, quienes agradecieron la visita y el mensaje de apoyo del arzobispo.

Esta expresión de afecto se une a otros habituales gestos de cercanía del arzobispo con las comunidades del Pacífico. Por nombrar algunos, se pueden tomar como ejemplo sus continuas manifestaciones de solidaridad y acompañamiento a la gente de Buenaventura y al entonces obispo, monseñor Héctor Epalza Quintero, durante el paro cívico en 2017; o como lo fue recientemente su visita al resguardo de Tacueyó con el entonces arzobispo de Popayán, monseñor Luis José Rueda Aparicio, tras el asesinato de la gobernadora indígena Cristina Bautista y de otros cuatro comuneros en la zona rural de Toribio, Cauca.

«Esto además muestra la naturaleza itinerante y dinámica de una Iglesia de cara a la realidad»

Gestos como estos muestran de manera elocuente el significado tangible de una «Iglesia en salida», presente en los escenarios que comportan un desafío, no solo para la misión evangelizadora, sino también para las instituciones responsables de hacer presencia social en los territorios. Esto además muestra la naturaleza itinerante y dinámica de una Iglesia de cara a la realidad, cuya labor no consiste solo en ir y hablar, sino también, en la acción misma de hacer presencia, de estar ahí, con la gente, de mirar a las personas de frente y a los ojos para escuchar sus dolencias y hacerlas propias, sintiéndose uno con ellos, con su labor y su necesidad de protección: «salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (Evangelii Gaudium, 20).

Este dinamismo eclesial, signo de los tiempos en momentos de coronavirus, supone una mirada más allá de aquella acostumbrada solo a centrarse en los hechos puntuales. En lo relativo a los territorios del Pacífico, la mirada requiere el estar atentos al trasfondo de la crisis de salud y al carácter estructural de las viejas deudas, al olvido que no ha dejado de ser y a la ausencia que no ha dejado de mancillar con su presencia. En el caso de Buenaventura, siguen patentes el abandono de un centralismo indiferente y el viejo clamor de paz de un pueblo y de una región que no ha dejado de padecer las dinámicas de la violencia, muy a pesar de una pandemia que, en la actualidad, aparece como un azote más entre muchos. De ahí que, en palabras del mismo arzobispo, el objetivo de la Iglesia en salida consista precisamente en:

«(…) darle una voz de ánimo al alcalde en su propósito de acompañar a la población, no sólo en esta pandemia del covid-19, sino también, de darle institucionalidad a una construcción de paz en la ciudad y la región».

Aquí se plantean dos cosas fundamentales. La primera, la importancia de prestar atención y acompañamiento a los municipios del Pacífico golpeados por el covid-19 y urgidos por el acceso a agua potable, a estructuras hospitalarias, pruebas y medicamentos que ayuden a mitigar la inclemencia de la pandemia, particularmente en las poblaciones más vulnerables de la región. Segunda, la importancia de mirar más allá de la crisis de salud, tomando conciencia sobre la necesidad que emerge en torno a la seguridad económica de las familias, pero también, a la urgencia de protección frente a la continua presencia de actores armados ilegales en la región que implantan su propia justicia en los territorios.

«promover en la región escudos comunitarios que rodeen a los liderazgos sociales»

Se hace ineludible que estas situaciones sean visibilizadas por los organismos internacionales, los entes de control y las demás instituciones, con el fin de promover en la región escudos comunitarios que rodeen a los liderazgos sociales, reincorporados a la paz y a las comunidades, permitiendo además la apertura de diálogos humanitarios que procuren salvar vidas y reducir el drama que se cierne sobre las poblaciones afectadas.

En consecuencia, con su visita a Buenaventura, el arzobispo de Cali promueve un signo regional por la vida en el Pacífico, que ayuda a recordar que la labor en la construcción de paz no se queda confinada en razón de la pandemia, sino que es fundamental, con las demás medidas de contingencia sanitaria, que se dé prioridad institucional, organizativa, comunitaria y eclesial a encontrar salidas prontas, eficaces y solidarias a las diferentes realidades de dolor y ausencia en medio de la actual y preocupante coyuntura.

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