Todos a cuidar la vida. No más venganza genocida

Ante el genocidio que sigue pasando ante nuestros ojos, se hace urgente una sociedad civil pacífica que cese la horrible noche.

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Por: Rubén Darío Gómez - Observatorio de Realidades Sociales

Publicado el 23 de julio de 2020

Alrededor de veinte años tardó Colombia en despertar ante el evidente genocidio contra los integrantes de la Unión Patriótica, una tragedia iniciada en 1984 alrededor de un acuerdo de paz; más de 5.000 vidas se perdieron en un gota a gota que involucró a reconocidas instituciones y sus funcionarios, quedando documentado en el Centro Nacional de Memoria Histórica bajo el título: «Todo pasó frente a nuestros ojos».

Los asesinos naturalizaban sus actos bajo la idea de estar acabando con el comunismo y la guerrilla, una justificación que se mantiene treinta y seis años después en el pensamiento de muchas personas sin memoria y sin la menor condolencia frente a la tragedia nacional, ampliamente reseñada en la historia.

«el gota a gota supera los 676 asesinatos, entre los que se cuentan líderes sociales y personas que abandonaron las armas»

Hoy nuevamente asistimos a ese escenario, un genocidio en curso. Próximos a cumplir cuatro años de la firma del último acuerdo de paz, el gota a gota supera los 676 asesinatos, entre los que se cuentan líderes sociales y personas que abandonaron las armas para volver a hacer parte de la sociedad civil. Las comunidades indígenas y afrodescendientes, cruelmente golpeadas en el departamento vecino del Cauca, han venido denunciando desde el 2018 lo que se cierne en sus territorios, sin que hasta el momento exista una respuesta efectiva de parte del Estado, que dé sosiego y tranquilidad.

En noviembre del 2019, después del asesinato de la gobernadora indígena Cristina Bautista y cuatro comuneros más, monseñor Darío de Jesús Monsalve y monseñor José Luis Rueda, encabezaron una peregrinación a Tacueyó que permitió, en terreno, un diálogo directo con la población víctima y, a su vez, elevar un clamor para que el Cauca deje de ser fosa común de los violentos.

«la situación sigue exactamente igual: ausencia social del Estado, presencia de todos los actores armados (legales e ilegales) en el territorio»

La última visita a la Colombia profunda de monseñor Monsalve Mejía se repitió hace un mes. En esta ocasión la comunidad capturó a siete de los armados luego de que estos asesinaran otro comunero. Con todo, la situación sigue exactamente igual: ausencia social del Estado, presencia de todos los actores armados (legales e ilegales) en el territorio y asesinato continuado de indígenas, afrodescendientes, campesinos, liderazgos sociales y firmantes de la paz.

Escasean las palabras para llamar la atención sobre este desangre entre hermanos: el genocidio sigue pasando ante nuestros ojos… y se hace urgente una sociedad civil pacífica que cese la horrible noche. Tal y como lo viene convocando nuestro arzobispo de Cali.

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