Y… ¿Qué será de Obama?

El asesinato de George Floyd bajo la rodilla de la policía de los Estados Unidos y la masiva reacción de la sociedad civil que reclama verdad, justicia y rectificación, genera un cuestionamiento directo al racismo estructural y a las violencias que reproduce. Un signo importante para leer de cara a nuestras realidades locales.

COMPARTIR:

También te puede interesar

Por: Rubén Darío Gómez
Observatorio de Realidades Sociales

Publicado el 18 de Junio de 2020

El 20 de enero de 2009, un caleño de nacimiento fue bautizado con el nombre de Barack Obama, lo cual coincidía con la llegada al poder del primer hombre afrodescendiente a la presidencia de los Estados Unidos de América. Tremendo nombre el que le pusieron al pequeño, quien, tal y como lo registra la noticia, recibiría el apoyo del hospital con pañales y vacunas, tras las severas necesidades en las que nació. Y es que esta pobreza no es extraña para la población afro, la cual representa el 52 % del total de habitantes en Santiago de Cali.

Sin llantos, el curioso suceso nos interrelaciona a través de unos hechos concretos y comunicativos de la actualidad, que, casi sin percatarnos, afectan modos de vida y cotidianidades que van de las más superficiales a las más profundas; un asunto para nada despreciable de pensar en estos días cuando lo que pasa en China rebota, literalmente, hasta la Cochinchina.

«procesos de comunidades negras han venido insistiendo en relación con la permanencia de un racismo estructural»

Viene bien pensar, por ejemplo, cómo el asesinato de George Floyd bajo la rodilla de un policía de los Estados Unidos va llevando a ese país, y a gran parte del mundo, a revisar lo que, en nuestro contexto, los procesos de comunidades negras han venido insistiendo en relación con la permanencia de un racismo estructural que, disimulado en las formas de relación y en el poder, termina asfixiando hasta la muerte a poblaciones étnicas.

O cómo este suceso desencadenará el fortalecimiento de las instituciones con lineamientos aún más contundentes para la defensa de los derechos humanos y, ojalá, para dejar sin más cabida la segregación, la xenofobia y la aporofobia.

De igual manera, este lamentable hecho nos invita a preguntarnos cómo contagiar, en nuestro terruño, de una sensibilidad que nos lleve a condolernos del asesinato de hermanos que han transitado por situaciones de violencia similares, merecedoras del rechazo contundente y generalizado de una sociedad que busca la protección de la vida como bien sagrado.

Sobre esto último, tendríamos que referirnos a uno de los casos más recientes y cercanos: el asesinato de Anderson Andrés Arboleda el pasado 21 de mayo en Puerto Tejada, Cauca, situación esta que deberá ser investigada por la Procuraduría General y por la Fiscalía, a fin de determinar quiénes fueron los policías responsables del homicidio del joven de 19 años de edad, además de darle lugar a una profundización de la defensa de la vida y de los derechos humanos que, no esté por demás decirlo, las autoridades mismas deben asumir como propios.

Sea esta la oportunidad para tomar como reflejo el rechazo generalizado contra el asesinato de George Floyd, bautizando a las nuevas generaciones con el sagrado deber de defender la vida… Seguramente el Barack Obama caleño, ya con 11 años de vida, puede estar pensando y soñando en cambios tan necesarios como estos ¡Que así sea! Que en Cali nazca un NUNCA MÁS para el racismo.

COMPARTIR:

SUSCRÍBETE

Mantente informado de todas las noticias, eventos, publicaciones y artículos del Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali

También te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *